Hemos venido aquí a morir. Como si fuese un refugiado, espero a que la mansión se reduzca a escombros en cualquier momento. Así lo siento pero a su vez, y esto me aterra, albergo en lo más hondo de mí una sensación que grita que el causante del derribo puedo ser yo. Es como un lejano parpadeo.

Ya estamos todos; la última en llegar ha sido Almudena. Se ha sentado a mi lado, me ha cogido la pierna y al mirarnos, nos hemos puesto cara de carne; en persona parece más menguada. El cálido tono de su acento granadino me ha templado la oreja tras fundirnos en un abrazo.

Xoxanna me evita de una forma cruel e intencionada; con su actitud, consigue que sienta que el más mínimo vínculo que podría perdurar entre nosotros se haya extinguido para siempre. Cualquier gesto suyo hacia un tercero desprende más afecto que su indiferencia hacia mí.

El anfitrión se pasea con un pijama de seda color gris-alivio-de-luto que deja poco a la imaginación; a nadie se le ha pasado por alto que la tiene grande y que carga hacia la izquierda. Está nervioso, como si acabase de sufrir una fuerte descarga eléctrica y no para de agasajarnos con bebida y comida; todos decimos el típico «no gracias» y esperamos a que pase algo que nos advierta del motivo de esta improvisada reunión.

En realidad sabemos por qué estamos aquí, pero en el fondo esperamos que todo sea una broma. Es todo muy extraño. Imagino que los demás habrán recibido amenazas semejantes y la misma llamada por parte del Director que nosotros. Me duele utilizar esa palabra, nosotros, al ver cómo se comporta Xoxanna; ya no hay un nosotros. La forma en la que mira a todos menos a mí me lo deja bien claro. Una ira velada ensombrece mi rostro. Siento su frescor.

El Actor Perfecto lleva la misma ropa que lucía el día en que le conocí; esa sudadera con bolsillos de canguro que huele a humedad. Se ha quitado la chupa de cuero y la ha dejado tirada por ahí. También se ha cubierto la cabeza con la capucha y se ha liado un porro. Frágiles ondas de humo flotan alrededor de las piernas de la Hija del Director que, entrecerrando los ojos como un gato, disfruta del olor a marihuana que la corriente le regala al pasear por el salón. La niña aún no ha gritado nada sin sentido y deja que todos veamos su abdomen terso y adolescente que asoma sobre sus mallas lilas de hacer yoga. Sus pezones bajo el sujetador deportivo dicen que hace frío. Ahora mismo, pecado original, muerde una manzana.

Si esto fuese el inicio de una película de terror de las malas ella sería la primera en morir, ya que a falta de un negro gracioso, tenemos una rubia loca y guapa que podría distraerse por los pasillos al escuchar un ruido extraño mientras entona acongojada: «¿Papá? Si esto es una broma no tiene ninguna gracia«. Luego cuchillos y sangre y vísceras y una canción heavy metal anunciarían que lo bueno aún está por llegar y todo eso.

Lo bueno está aún por llegar, vaya que sí, pero de momento el Director de Cine se planta delante del grupo con la intención de dar un discurso. Xoxanna se fija en su polla. Xoxanna mira al Actor Perfecto. Xoxanna sonríe a Almudena e incluso a la Hija del Director que, abierta de piernas cual ninfette inconsciente de su sex-appeal, remata el troncho de la manzana ignorando como buena hija las intenciones de su padre, que trata de captar la atención del confuso grupo que formamos.

––Estimado equipo ––inicia––, lo primero daros las gracias por haber acudido a la llamada, no son buenos tiempos para esta empresa, pero sólo puedo decir una cosa: ladran, luego cabalgamos. Sabéis que vosotros sois lo primero para mí desde que aparecisteis cada uno en diferentes momentos de mi vida ––mira a su hija, que ahora se rasca un lunar cercano al ombligo––, pero juntos habéis conseguido apartar de mi mente esa palabra que planea sobre la cabeza de todo artista amenazando su existencia: abandono. Un artista que abandona es un artista que se suicida. La muerte en vida. La muerte y su constante amenaza… Creo que es obvio decir la razón por la que estamos aquí hoy, ¿o tal vez no? Bien, veamos ––desliza su mirada por las cabezas de todos–– ¿alguien me la puede decir? ––espera. El largo silencio me pone muy nervioso.

––¡Potaje de nabos! ––grita la Hija del Director asustando a todos. Su padre no mueve ni un pelo, pero en su gesto se refleja la difícil tarea de asimilación que supone tener una hija tan peculiar.

––Hay un puto majara que nos amenaza a todos y dice que nos va a matar ––interviene el Actor Perfecto.

––Clara y concisamente, muy bien, hijo ––siento celos, su «hijo» soy yo. Mis entrañas se incendian. Tengo que vengarme de esa traición––. Todos hemos recibido el mismo paquete repulsivo, con ese pájaro muerto en su interior y esa carta que decía que íbamos a acabar como él. Esa ha sido su seña hasta ahora, pero sé de buena tinta que otros habéis tenido que sufrir todo tipo de vejaciones ––vuelve a mirar a su hija y cierra los ojos, ella chasquea los labios como si el de al lado estuviera roncando y se golpea la frente con la palma de la mano––, por eso os invito a que, al estilo de las reuniones de Alcohólicos Anónimos, os levantéis y digáis que sois «un amenazado» y que contéis vuestra historia. Esto nos vendrá muy bien para establecer vínculos librándonos de la carga que supone estar solo en esto. Recordad: no estáis solos en esto. Si os parece, empezaré yo.

No doy crédito a lo que oigo. El Director de Cine se pone firme, como si recordase épocas pasadas en el servicio militar, luego dice su nombre de pila, se declara «un amenazado» y comienza a exponer su historia.

No sé qué hacer, no estoy cómodo con esto. El grupo se pone sentimental y lacrimógeno y todos se regalan muestras de apoyo entre sí frotándose la espalda desde la distancia que los separa. Trato de mantenerme al margen, de escurrir la evidencia en la que se ha convertido todo esto y empiezo a pensar que muchos de ellos se merecen lo que les está pasando. Sobre todo Xoxanna. Cuando llega su turno me enfurezco tanto que creo que me va a dar un ataque de algo muy malo pero se me pasa empatizando con el acosador, comprendiéndole. Xoxanna, tirando de unas dotes de actriz que jamás hubiese sospechado, se gana por goleada a todo el grupo y por si fuese poco, advierto que disfruta con ello.

Qué asco. Qué blandos y falsos son todos.

El Actor Perfecto interrumpe su discurso ––que llevaba varios minutos repitiéndose–– a causa de la emoción y los dos se funden en un abrazo. ¿Dónde estaba esa Xoxanna hace unos días? A mí me lo oculta y ahora lo cuenta como si yo no estuviera. Me llevan los demonios. Ahora le toca al Actor Perfecto y con su intervención de tipo duro y “consola-novias” estoy a punto de marcharme del salón, pero prefiero esperar, el odio que siento hacia todos ellos se está perfilando en algo bello y atractivo.

Me adelanto a la Hija del Director y expongo fríamente los hechos. Tan sólo menciono que lo que tengo en común con los demás es haber recibido el mismo paquete con el «Pájaro Larry» muerto en su interior y la tarjeta, añadiendo al final que todo lo que he podido sentir o percibir era causa del estrés y los nervios del momento; esto es, un pasaje circunstancial. Xoxanna me mira con desprecio y siento que me he anotado un punto. Almudena hace suyas mis palabras y dice que no tiene más que añadir. 

Llega el turno de la Hija del Director.

––Me colé en una fiesta en la que había muchos tíos con el pito duro y pasó lo que tenía que pasar en una fiesta en la que te cuelas y en la que hay muchos tíos con el pito duro. ¡Flaca morruda! Me pidieron permiso para grabar y acepté. Hasta los huevos dentro. Luego pasaron cosas. Era martes-saco-de-mierda.

Me dan ganas de aplaudir pero no lo hago. El Director de Cine, impertérrito tras la exposición de su hija, se centra en la aparente tristeza de los demás y en lo «intensitos» que se han puesto. De nuevo ese frescor, el de la ira. Al de poco, anuncia:

––Creo que ahora es momento para el recogimiento, para reflexionar en soledad o disfrutando de la calidez y cercanía que este ejercicio nos ha aportado. Declaro treinta minutos de libre albedrío por la casa, para que cada uno sopese su situación y la gestione como crea conveniente.

Cojonudo, unos minutos para mí en este infierno de seminario coaching súper moderno que se ha inventado el jefe”, pienso.

—No sin antes hacer una mención especial a la aportación fundamental de uno de los miembros de este equipo. Sé que no le he prestado mucha atención estos últimos días y espero que me perdone, que comprenda la situación por la que estaba pasando. Él sabe que le considero la piedra angular de este proyecto. No hay actor o actriz sin escritor, no hay película sin guión, por eso quiero agradecer especialmente la labor de este hombre ––me señala—. Está definiendo un personaje realmente inquietante, ¿verdad, Almudena? En el último correo que nos mandó perfiló una mente que nos puso a los dos la piel de gallina, sobre todo días después, cuando comenzó el tema de las amenazas —Xoxanna y el Actor Perfecto cruzan miradas de preocupación. Yo no sé de lo que está hablando, no sé a qué personaje ni a qué email se refiere—. Tu escritura tiene tanto poder que parece conseguir que lo que narra, se convierta en realidad.

Hay unos tímidos aplausos al final, Almudena y el Director de Cine me sonríen, pero es como si se dirigieran a otro que está a mi lado, o dentro de mí, o… a mí. Un fuerte dolor de cabeza me arroja imágenes sin sentido que narran episodios ocultos de una vida que nunca llevé. Puede que… espera un momento, un collage de imágenes del pasado comienza a tomar forma. Imágenes llenas de odio a la humanidad, imágenes solitarias. Una profunda sensación de incomprensión y aislamiento. Todo mi cuerpo tiembla, veo la realidad como si me hubiera puesto unas gafas que no necesito. Algo me está pasando, siento que mis órganos se transforman.

Todo lo que nos ha ocurrido hasta ahora adquiere el cariz propio de la ficción y lo único que se torna real ante mis ojos son mis planes de matar a todos los que están en esta casa. Porque se lo merecen, porque representan todo lo que odio, porque son aquellos que cuando me sentaba en un banco y dejaba el grifo de la vida correr, me maltrataban con su indiferencia. Al fin los folios correctos se unen con una grapa mental.

Ahora lo recuerdo todo. Las horas solo en casa mandando mensajes amenazantes Xoxanna, siguiéndola por la calle… Decapitar al perro del Director de Cine fue un sabroso aperitivo de lo que va a suceder ahora. He de reconocer que el asunto del vídeo no fue obra mía pero es algo que me ha venido de perlas para difuminar mi rastro en todo este proceso. Tan sólo por eso, la Hija del Director será mi precioso y desequilibrado daño colateral, no se me ocurre mejor forma de agradecérselo.

Fuera de mi cabeza, el mundo sigue igual, pero pronto comenzará el cambio.   

El Director de Cine da por concluida la primera parte de este encuentro. Ahora tengo treinta minutos para… estar solo, tengo que estar solo y prepararme para la fiesta . La gente a mi alrededor me provoca urticaria… tengo que desaparecer. Esa puerta que da a un pasillo oscuro me parece perfecta. Me dirijo hacia ella ignorando a los demás.

Nada como la oscuridad para encontrarte contigo mismo. Aquellos solitarios días odiando a la humanidad, saliendo solo a la calle para alimentar mi odio sentado en un banco dejando la vida pasar… ¿Han sufrido lo suficiente ya todos esos imbéciles del salón? En qué estaría pensando cuando dije que sólo iban a ser tres… Tres los primeros.

Unos pasos livianos acortan distancia a través del pasillo. Unos pasos que huelen a manzana y a juventud quebrada. La Hija del Director y yo nos intuimos en la densa oscuridad que nos envuelve.

––Tú y yo lo podemos pasar bien estos maricones minutos ¡bolsa de queso! ––dice la Hija del Director.

––Claro, claro que sí. Ven, estoy aquí ––extiendo la mano para encontrarnos; se escuchan voces y risas en la lejanía.

Manos, labios, piel, lenguas, respiraciones, dientes, humedad…

Me desabrocha el pantalón y saca el cinturón de los pasadores que lo sujetan. Me lo entrega.

––Fóllame mientras me asfixias con esto ––ordena. De sus piernas salen despedidas ráfagas de aire caliente.

Todo pasa demasiado deprisa. Casi ni tengo a tiempo para disfrutar. La Hija del Director ya se ha desplomado en el suelo. Le petite mort. Compruebo si tiene pulso. No.

Escondo su cadáver dentro del armario de las toallas del baño. Vale, todo ha comenzado y… ¿sabéis qué es lo más curioso? Que el mundo sigue, pero lo que está claro es que será un lugar mejor cuando ninguno de los que está al otro lado de la puerta lo habite. Veo las cosas con una claridad absoluta, siento estar en posesión de la verdad y jamás me he sentido tan feliz.

Camino por el pasillo oscuro hacia el salón con una navaja de barbero en el bolsillo que me he encontrado en el baño tras dejar a la Hija del Director muerta pero bien arropada entre mullidas toallas bordadas a mano. ¿Curioso que haya sido ella la primera, verdad? A veces la realidad supera la ficción de las películas malas de terror.

En el salón hay una especie de fiesta que se ha formado al margen de mi existencia; una fiesta a la que llego sin ser invitado. Muy bien, ya me van entendiendo. Soy el que está al margen, al acecho, tengo el súper poder de la invisibilidad.

Xoxanna bebe, Xoxanna ríe, Xoxanna coquetea con el Actor Perfecto y yo palpo el nácar de la empuñadura de la navaja de barbero que descansa en mi bolsillo, a la espera.

Entre ellos se habla de cine, de películas, de interpretación, de redes sociales, de lo que puso y dejó de poner en su Instagram fulanita de tal tras la fiesta en casa de menganito. Parece una fiesta de pijamas. Me uno. Escucho cómo el Director de Cine propone jugar a un juego mientras yo aún saboreo a su hija. Quieren jugar a las películas. El Director de Cine sugiere que Xoxanna y el Actor Perfecto sean los intérpretes y que yo me invente la escena. Doy un amplio trago a la lata de cerveza haciéndome el distraído. Parece que todos están de acuerdo. ¿Cómo puede ser todo tan obvio en esta vida? ¿Cómo me lo pueden poner tan fácil?

Planteo la siguiente escena: la ejecución de un periodista por parte de un grupo terrorista. Indico que la periodista tiene que ser Xoxanna y que el Actor perfecto debe de ser el terrorista. La idea es recibida con asombro y rápidamente se transforma en un reto para los participantes. Almudena dice que se va a poner muy nerviosa y que espera no desmayarse porque sufre de epilepsia. Xoxanna se despeina y se pone manos a la obra para provocarse el llanto ––táctica básica del primer día de clases de interpretación, según dice––, y pronto comienzan a brotar lágrimas falsas de sus ojos maquillados; el rímel le dibuja una antifaz en las mejillas parecido a las alas de un murciélago que se derriten. El Actor Perfecto modula su voz y da vueltas en pequeños círculos agitando sus manos como si las tuviera dormidas y quisiera reactivar la circulación.

“Gente así no merece vivir”, pienso.

El Director de Cine grita acción ––qué tierno–– y comienza la escena. Xoxanna se mete en el papel de lleno. Gimotea y tiembla. De pronto se sale del personaje y bromea con que podía hacer de periodista dura y cambia a gesto inexpresivo y los demás ríen. Prefiere la periodista débil. El Actor Perfecto comienza a reivindicar la libertad del Estado Islámico y a hablar de la opresión de occidente en inglés con acento árabe. Lo hace bastante bien.

Así se las gastan durante un par de minutos largos, y cuando llega el momento de la verdad, el de la ejecución, el Actor Perfecto convierte su brazo en un cuchillo imaginario y asesta un golpe a Xoxanna en el cuello que, unos segundos antes del impacto, lanza un grito sordo. No me ha gustado, no ha sido real. Almudena se levanta y suspira; se ha puesto nerviosa. El Director aplaude.

––¿Qué te ha parecido, maestro? ––me pregunta.

––Bueno, ya que lo dices, ha estado carente de realismo. No me lo he creído. ¿Me permitís?

––Por favor —hace un gesto como si me invitase a entrar a una sala en la que soy bien recibido.

Pues muy bien, adelante. Con un gesto indico al Actor Perfecto que se siente en una silla junto a Xoxanna y, tras ellos, comienzo a elucubrar. La navaja de barbero, fría, me roza el muslo a través de la tela del bolsillo. Qué placer.

––Yo hubiera preferido el papel de la periodista dura. La que sabe que va a morir y lo acepta porque piensa que ha luchado por la libertad de información hasta sus últimos momentos. Además, veo más real que el rehén o preso, como tal, esté maniatado. Almudena, por favor, pásame la cinta americana que hay sobre la mesa del fondo ––les doy una vuelta sobre las muñecas–– Así se siente más el papel. Poneros frente a ellos ––le digo al Director y a Almudena–– ¿Lo veis? Se debe sentir el miedo de verdad para poder transmitirlo ––El Director de Cine y Almudena contemplan la escena; yo me palpo el bolsillo y siento el bulto afilado. Continúo con la exposición––. El terrorista, tras ellos, debe hablar al mundo, al enemigo, a Occidente ––me situó tras el Actor Perfecto, le cojo por los hombros y arrimo mi boca a sus oídos–– no a sí mismo o al cámara que tiene delante. Y la periodista ––hago lo mismo con Xoxanna–– no debe llorar, no debe temblar, debe decir únicamente con su inmutabilidad y fortaleza, que Occidente no se debe rendir. Y por supuesto ––me saco la navaja de barbero disimuladamente del bolsillo y la despliego tras la espalda de Xoxanna––, la ejecución debe ser real, creíble, no un mero simulacro.

Cojo a Xoxanna por la frente y echo su cabeza hacia atrás. Paso la navaja velozmente por su cuello y siento la sangre manar. Antes de que nadie pueda reaccionar, hago lo mismo con el Actor Perfecto. Jamás he estado tan feliz y tan despejado.

––Y esto, queridos amigos, es una escena creíble.

Gorgojos, gritos ahogados, cuerpos que se caen al suelo y ese sonido de grifo lejano que es una yugular perfectamente seccionada. ¡Es todo tan bonito!

Almudena cae al suelo desmayada por la impresión y empieza a convulsionarse. Se ha dado un fuerte golpe en la sien con el borde de la repisa de la chimenea. El Director de Cine, temblando, dice con voz exageradamente aguda: «pero qué… pero que…» y luego sólo chilla como una niña.

«No se me puede escapar«, pienso mientras me fijo en que la puerta de entrada está abierta. Es una carrera en línea recta de tan sólo unos segundos, pero la capacidad de reacción de este hombre de mediana edad es reducida, así que mientras se decide, me da tiempo a coger una de las sillas e interceptar su huida lanzándola en una parábola perfecta. Le alcanzo en la espalda y le hago perder el equilibrio, se patina y se golpea contra el borde de la puerta. Cae de rodillas.

Veo que en la chimenea hay un atizador de ascuas. Voy a por él muy enfadado porque pienso en lo mal padre que es al intentar huir sin preguntar por su hija; hace tiempo que no la ve y tras darse cuenta que hay un asesino es su casa sólo se preocupa por chillar como una niña y huir; muy mal.

A Almudena sólo le hace falta un buen golpe con la parte arponada del atizador en la base del cráneo para que sea la cuarta víctima. La quinta consigue escapar torpemente hacia la oscuridad del exterior. No me será difícil alcanzarle.

«Tan sólo uno más, el más importante y el mundo será un lugar mejor«.

Llueve como si lo lanzasen con furia desde el cielo. El sonido de los árboles doblándose al son del viento fuerte del oeste conjugado con los baldes de lluvia que aterrizan sobre el suelo es ensordecedor. ¿Tópico, verdad? A veces la realidad hace uso de ellos también, así que trato de jugar con ella. Hoy es mi día, jamás me he sentido tan bien; por eso me vengo arriba y, ya que la cosa va de cine, directores, actrices y todo eso, se me ocurre una escenificación perfecta para está persecución nocturna.

––Directooooooorrr…. Directooooorrrr…. ––grito imitando la voz doblada de Robert de Niro en «El Cabo del Miedo». Mi cara recibe la lluvia como una bendición limpiándome la sangre de los culpables que mancha mi cuerpo redentor. Es la primera vez que me siento completo. Puedo mover y notar la presencia de cada músculo. Siento cada bit de información que me manda el universo. 

Hay un sendero recto que conduce hacia alguna parte. Camino por él. La espesura de la maleza que lo bordea a ambos lados me dice que no ha podido esconderse ahí. Tengo que encontrarlo, no se me puede escapar.

Si no recuerdo mal, cuando llegamos en coche pasamos por aquí. Sí, el sendero acaba en un pequeño campo de golf con pocos hoyos que tiene una cabaña para dejar los trastos de golfista; escondite ideal para un cobarde que huye sin preocuparse por su hija.

Frente a la caseta, saboreo el momento. Ahí tiene que estar, refugiado dentro de su propio ego; escondido tras las cuatro paredes que forman el capricho de un hombre cobarde que entregó su alma a una de las industrias más corruptas de este planeta: la del espectáculo. A estas alturas ni siquiera será consciente de las vidas que se ha llevado por delante. Vidas inocentes, insulsas, destinadas al anonimato, peones de tablero a los que no importa sacrificar en nombre de reinas, reyes y torres.

––Directooooorrrr… ¿dónde te escondes, ratita de cloaca? Directoooorrrr… ¿qué insignificante se vuelve la vida cuando estás a punto de perderla, a que sí ratita? ¡La muerte nos iguala a todos! Hace que no importe la fama, ni las cámaras, ni los premios… ¡Sólo el hombre y su destino! ––grito por encima del temporal. Mi boca se llena de lluvia.

El resplandor de un rayo me arroja un destello por la izquierda. Algo grande y con ruedas se acerca a toda velocidad hacia mí. A pocos metros veo un carro de golf conducido por un ensangrentado y desquiciado Director de Cine. El choque es inminente. Salto hacia su cabeza.

Mis reflejos son sobrehumanos, la adrenalina me da una resistencia de superhéroe. No hay ventanilla que atravesar así que he ido directo hacia él y el coche de golf se ha estrellado contra la caseta. El impacto cuerpo a cuerpo me ha permitido cobrar consciencia de mi propio esqueleto. Veo todos mis huesos, sanos y fuertes como el acero, revolcarse sobre el green embarrado y pelearse con la débil estructura del Director que se lamenta, tose, escupe sangre y se mueve como una ballena varada boca arriba. Me incorporo, camino hundiendo los pies sobre el barro hacia sus restos, que reciben la furia de la tempestad y esperan indefensos la mía.

Le miro, piedad en la noche. ¡Es algo tan bello! Encuentro el atizador cercano a la zona del siniestro, acero resplandeciente bajo este espléndido día. Me lanzo a horcajadas sobre el cuerpo del director y presiono su cuello con la barra, fuerte sobre la nuez; sus preciosas y desencajadas órbitas oculares no pueden comprender la verdad.

––El mundo será un lugar mejor a partir de ahora sin ponzoña como vosotros. Sois una plaga para las almas puras y débiles que se dejan llevar por el humo que vendéis.

Se aferra al atizador con sus últimas fuerzas, dignas de un hombre que huye despavorido gritando como una niña sin preocuparse por su hija. En pocos segundos sus dedos ceden y una plenitud inabarcable invade mi pecho. Me desplomo junto a su cadáver sobre el mullido lecho de hierba empapada que nos acoge, recibiendo la tormenta, el viento, la noche, la luna escondida entre las nubes, los truenos, cada una de las estrellas que adorna el cielo… Soy capaz de entender el lenguaje del universo.

Escucho un leve revoloteo que acaricia mis orejas, me incorporo. Un pajarito azul se ha posado sobre mi pie. Me mira. Trina. Le comprendo. Menea su cabecita con movimientos nerviosos de lado a lado, como si quisiera asimilarlo todo para luego contárselo al mundo. Le sonrío.

El pájaro Larry vuelve a trinar anunciando la buena nueva y yo río, sintiéndome dichoso.

 

*************** FADE OUT ***************

 

––No me negarás, Ricardo, que esto es un pelotazo de cojones. Este chaval es oro líquido, te lo dije. Y piensa que sólo es un borrador, ¡ya verás cuando esté pulido! Con el equipo que le podemos poner en la sombra, imagínate lo que puede llegar a hacer.

El Director de Cine, a mi lado, sonríe al ejecutivo de una gran cadena de televisión. Es la primera de las numerosas reuniones que tenemos programadas para este mes. Tenemos que conseguir un equipo de producción y realización que nos cubra las espaldas para convertir el montón de papales que hay sobre la mesa en una realidad. Han sido tres meses de mucho trabajo, pero el guión de la película o al menos el primer borrador definitivo ya está acabado, y el tipo trajeado que tenemos delante se lo acaba de leer de principio a fin, sin pestañear.

Xoxanna y los demás nos esperan en la cafetería del edificio. El móvil me ha vibrado varias veces dentro del bolsillo, seguro que son ella y sus nervios, esos a los que tanto quiero.

Llevamos una tres horas aquí.

––La verdad es que me recuerda a tus inicios, Álex ––ése es el nombre del Director de Cine–– Podríamos enfocarlo por ahí. La parte de la vida de los chavales, del protagonista y su novia… ––pasa las páginas del guión.

––Xoxanna ––intervengo.

––Eso, Xoxanna, curioso nombre, ¿de dónde salió?

––Se llama así de verdad, tiene unos padres muy modernos.

––Y es una estupenda actriz ––completa Álex.

––Esa parte me fascina, se debería estirar más, ahondar un poco más en esa relación. Y también en el tema de las redes sociales; muy actual. El guiño a De Niro como chiste bien, pero no se podrá incluir, ya lo sabéis. Lo del personaje de la hija menor… veremos si podemos arriesgar tanto, pero es un bombazo, ¿qué diría tu primogénita de todo esto?

Se ríen. Álex y el ejecutivo que habla con nosotros se conocen desde hace tiempo. Le invitó a la boda de su hija hace dos años y ocurrió algo gracioso, me lo ha contado antes de entrar.

––Seguro que le gusta el personaje. ¿Sabes que he sido abuelo?

––No te me pongas tierno, Álex, que me acabas de presentar algo tan bestia que me acongoja. Dime, chaval, lo de la parte de la fiesta, el plato de grillos, los chinos que te piden queso… Hostia puta, lo de la loca de las naranjas… ¿De dónde te sale?

––No me sale, me cae de alguna parte, como desde arriba a la izquierda.

Director y ejecutivo, tras unos segundos de silencio, estallan en carcajadas.

––Me asustas, chaval, me asustas mucho. Me asustas casi tanto como me gustas.

––Te lo dije, a mí me pasó lo mismo ––añade Álex.

––Muy bien, muy bien, compañeros. Iremos hablando, pero sabes tú mejor que nadie, Álex, que este es un largo proceso. Habrá que convencer a más gente y untar a otros tantos, pero creo que hablo por toda la empresa cuando digo que podéis contar con nuestro humilde apoyo.

Es un frío despacho en el que se respira tanta aridez que llegan a picar las fosas nasales, pero también en el que se pueden sentir cosas bonitas.

Saco el móvil del bolsillo. 

Tengo desde hace media hora un whatssapp de Xoxanna que dice:

«¿No me vas a puto decir nada?»

Desbloqueo la pantalla y escribo.

«Ha dicho puto sí. Hoy la liamos parda.”

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