HACE TIEMPO…

Un plató de televisión hace casi tres años. Un joven actor, la revelación de turno. Ahora da igual su cara, pero entonces nadie lo dudaba: era el Actor Perfecto. Había firmado el contrato ideal en el momento adecuado y su mentor, El Director de Cine, sentado a su lado en el mismo sillón, lo miraba como si éste fuese su posesión más preciada. Frente a ellos, el Más Famoso de los Presentadores.

La película había batido récords de taquilla; todo un hito en la historia del cine español. Prácticamente al inicio de la entrevista y tras una desenfadada introducción que dejaba claro lo mucho de moda que estaban los invitados del día, el Más Famoso de los Presentadores preguntó al Actor Perfecto:

—Has pasado de actuar en bares haciendo monólogos y de que te conocieran más que nada por el boca a boca, a tener una cuenta de twitter con más de seiscientos mil seguidores, ¿cómo se lleva eso?.

El Actor Perfecto, como si de pronto le hubiera alcanzado una rayo gripal, palideció, comenzó a sudar, incluso a tiritar levemente y finalmente contestó:

—Mal, muy mal.

El Más famoso de los Presentadores, creyéndose consciente del motivo de la respuesta, añadió: —Asusta, ¿es por eso, no?— Y se fijó en las gotas de sudor que perlaban su frente.

Entonces, el Actor Perfecto, como si estuviese confesando la mayor de sus vergüenzas, concretó con sinceridad:

—No, porque son pocos. Porque son muy pocos.

Y rompió a llorar.    

   

I

 

Estamos los dos muy nerviosos, sobre todo Xoxanna. Cuando Xoxanna pasa por fases de mucho estrés al hablar le salen trazas involuntarias de acento valenciano cuando quiere enfatizar lo que dice y su apetito sexual se incrementa violentamente. Yo soy más de permanecer en silencio y de vez en cuando gritar cosas que no vienen a cuento; falta la Hija del Director con su síndrome de Tourette para que la casa parezca un puto sanatorio.

Hace unos minutos Xoxanna paseaba en ropa interior con el móvil en la mano quejándose de los seguidores que ha perdido en Instagram y se ha sacado un selfie frente al espejo. Yo he gritado «¡Lacon con grelos!» y ella me ha contestado «¡Que te jodan! Deja de gritar chorradas y échame un polvo, me paseo desnuda y ni me miras. ¡@John666 me mira más que tú!».

Así somos a veces.

En toda una semana no he logrado escribir una escena decente. A lo todo lo que he llegado han sido esbozos que no servían para nada. Xoxanna no ha conseguido contactar con ningún actor. No tenemos nada de lo que acordamos para la próxima reunión con El Director de Cine. La reunión es hoy y no tenemos nada decente que entregarle.

Ahora utilizo algo que se llama Skype para comunicarme con mi Community Manager. Me daría de hostias a mí mismo por hablar así. Bueno, pues mi Community Manager vive en Granada, es una cría con un acento muy gracioso y además, según dice ella, es Booktuber. Prefiero no preguntar qué significa eso, simplemente sonrío y hago que sé de lo que me habla. Me parto de la risa con ella. Se conecta media hora conmigo todos los días para llevarme el Twitter. Se ríe y teclea cosas mientras me hace preguntas y me da coba. Ha subido a una web varios relatos míos. Dice que están teniendo éxito, que la gente los lee, los comparte, los comenta y todo eso. Me habla de algoritmos de Facebook, yo le vacilo con raíces cuadradas y ella se ríe y vuelve a teclear más cosas. Creo que Xoxanna está algo celosa, pero en el fondo le gusta que tenga un Community Manager que además es Booktuber.

Lo que lleva de día está siendo horrible. Xoxanna ha perdido seguidores en Instagram y le han hackeado su cuenta de Facebook; está insoportable.

El Director de Cine me ha llamado hoy; quería saber cómo iba la cosa. Nos ha ingresado en la cuenta un jugoso adelanto con el concepto «motivación». Cuando digo jugoso lo hago desde la perspectiva de dos semi homeless como nosotros, y como soy educado, no hablaré de cifras.

El caso es que me ha sido imposible ser sincero; le he dicho que la cosa iba bien. Además, mientras hablaba con él no podía quitarme de la cabeza la imagen de su hija con la falda remangada, cubierta de un aura de polvo blanco y gritando cosas como «sopa de huevo» al ritmo de las embestidas del obrero. Hemos quedado en una cafetería súper moderna del centro y le he asegurado que tenía cosas que enseñarle, incluso me he venido arriba y he sugerido que podríamos improvisar una de las escenas porque ya contábamos con actores y todo eso. Me lo he inventado porque me estaba poniendo muy nervioso y tenía ganas de vomitar y Xoxanna no paraba de gritar dando vueltas por la casa en ropa interior con el móvil en la mano. El sonido pegajoso de su caminar desnudo por el parqué del salón hace que quiera lanzar cosas por la ventana. En dos horas tenemos que estar en una cafetería del centro con algo bueno para El Director de Cine.

Y no hay nada.

––¡No hay nada! ––grito.

––¡No hay puto nada! ––grita Xoxanna.

––Igual esto no es lo nuestro, deberíamos planteárnoslo.

––¿Quieres que te parta la puta cara? ––dice Xoxanna cerrando el puño y tensando los tendones del brazo. Me encantan sus brazos cuando se tensan de esa forma, rebosantes de furia.       

––¿Ponemos la canción?

––Vale, pero no rompemos nada.

Cuando alcanzamos a la vez el mismo nivel de estrés nos gusta poner «Why you don’t get a job?» de The Off Spring y gritar y saltar y romper cosas por la casa. Es como una catarsis. Generalmente después del ritual tenemos buenas ideas. Así que nos servimos dos chupitos para cada uno de Jack Daniels y ponemos la canción a todo volumen.

Trance.

Es cómo una excitación progresiva que nos obliga a saltar e intentar tocar el techo. Descontrol total. Cuerpo y mente separados. Instinto. Placer y dolor. La última vez Xoxanna se hizo un esguince de tobillo.

Termina la canción.

Estamos en el suelo con los brazos en cruz, recuperando el aliento. Somos dos náufragos recién llegados a la orilla de una isla sin sentido.

––Creo que deberíamos llamarla ––dice ella.

Toso. Río.

Sé lo que quiere decir, sé a quién se refiere. Xoxanna respira como un fuelle antiguo.

––Ya se me había ocurrido ––contesto. La lámpara del techo se mueve––. Pero lo veo muy arriesgado. Esa mujer es imprevisible.

––El éxito conlleva riesgo, cariño.

––Está bien, hablaré con ella.

Lo que acaba de proponer Xoxanna es una medida desesperada: llamar a Marisa Lanormal.        

Marisa Lanormal es una ex novia mía que se quedó en el camino cuando estaba a punto de finalizar su doctorado. No llegó a presentar la tesis. Cuando me refiero a que se quedó en camino quiero decir que algún cable importante de esos que no hay que cortar cuando desactivas una bomba se rompió dentro de su cabeza y la explosión le causó daños irreversibles. Marisa llegó a ser del mismo círculo de amistad que Xoxanna; de hecho, yo conocí a Xoxanna en un concierto de jazz cuando aún salía con Marisa, poco antes de que se volviese loca.

Ahora, Marisa Lanormal (éste es su apellido verídico), recibe una ayuda del Gobierno Vasco por una discapacidad intelectual severa y trabaja en una empresa de fruta. Su trabajo consiste en seleccionar las naranjas feas que pasan por una cinta y separarlas de las bonitas. Tras la jornada siempre se lleva al menos media docena de naranjas feas y cada vez que nos la encontramos por la calle nos las lanza con una potencia que ya quisieran muchos pelotaris y luego, tras pronunciar una frase cual villano de cómic, escapa corriendo de forma extraña. Tiene una puntería excelente.

Marisa no rige como los demás. Por eso se nos ha ocurrido que venga, para que monte una de las suyas y poder colarla como una de las escenas y así salir del paso. Le escribo un mensaje con la hora y las coordenadas de nuestra inminente cita con El Director de Cine, con eso será suficiente.

––Le he dicho a y media en vez de a en punto. Así tendremos tiempo por si el Director de Cine llega tarde y podremos hablar un rato con él —comento.

Llegamos cinco minutos antes al lugar y, desde fuera, oteamos el interior del local. El Director de Cine aún no ha llegado. Me fijo en la pizarra que hay junto a la puerta. Nuestros nervios son el plato principal del día.

Cuando estoy a punto de prenderme un cigarro observo que el Director de Cine sale de los servicios y se pone a la cola para pedir; su rostro, velado y lejano, refleja claramente el cansancio que le supone ser quien es y estar en sitios como éste. Entramos. Nos ve y nos hace una seña; pide dos más de todo y, gesticulando, nos indica que vayamos ocupando una mesa. Le hacemos caso. Es la hora de la verdad.

El Director de Cine llega a nuestra mesa con una bandeja llena de cafés modernos y bollos imposibles luciendo una sonrisa digna de quien se ha confundido de vestuario el primer día de gimnasio. Se sienta con nosotros, deja la bandeja en mitad de la mesa, nos coge por el brazo y hace una pedorreta con la boca. Somos el puto centro de atención de la cafetería; tengo la sensación de que hasta el encargado que se esconde tras la puerta de su despacho está flipando mientras nos ve a través de las cámaras de seguridad del establecimiento. Es entonces cuando caigo en la cuenta de lo realmente famoso que es, y me pregunto qué hace con dos personas como nosotros.

Se puede tocar y oler la pregunta: «¿quién coño son los que están con él?». Es como si flotase, por encima de las cabezas de todos y cada uno de los demás clientes, un pastel gigante con forma de interrogación y cubierto de glaseados de diferentes colores.

––Chicos, olvidad todo lo que habíamos hablado ––Se me escapa un pedo por los nervios, de los que suenan mucho y huelen a pajarera––. No sirve para nada, es bazofia hipstérica, hacedme caso. Prometedme esto: ¿lo olvidaréis? ––Nos lo pregunta mirándonos alternativamente a los ojos. Nuestras pupilas reflejan el hedor.

––Qué pena ––dice Xoxanna.

––Pena ninguna ––interrumpe el Director de Cine––. ¿Por qué entristecerse cuando las cosas van a mejor? Hoy me he dado cuenta, chicos, de que la vida es muy corta y de que hay que hacer cosas importantes. Nuestro lugar no es otro que donde está la acción, dejemos las chorradas a un lado. Yendo al grano, vuelvo al cine––. Xoxanna se atraganta con un bagel––. Quiero lavar mi imagen; la anterior película fue un éxito de taquilla, sí, pero fue una puta basura y lo sabéis, lo saben todos. Ya nadie se acuerda del protagonista, pobre chaval. El Actor Perfecto, pero no supo llevar bien la fama… Algún día os contaré lo que hizo en una entrevista. En fin, el caso es que me he leído todo lo que has escrito, hasta las cartas que le mandabas a tu novia cuando tenías quince años, y es tu esencia la que quiero que esté en mi película. Tendrás un equipo, no estarás sólo. Ellos serán tus negros. Quiero cine independiente, quiero algo pequeño, inmarcesible, algo que deje huella. Cine de autor, en definitiva, lo que eres tú, lo que soy yo, lo que somos. Autores. Ya veremos dónde puede encajar ella ––dice señalando a Xoxanna a la que se le escapa un grito de caniche pisado. Todo el mundo nos mira––. Concretando: empieza a escribir la película que te gustaría ver, ¿me captas? Eso es lo que quiero hacer, mi próximo trabajo será la película que a ti te gustaría ver. ¿Qué te parece?

Se me taponan los oídos. Me mareo. Quiero coger un tren dirección a Extremadura.

––Bien, me parece bien… ¿No hay ningún pero? Quiero decir, ¿es esto y ya está? Me sorprende que no haya una «cara be» en este disco…

––¿Te refieres a cuántos camiones más vas a tener que descargar? ––sonríe–– Ya pasaste esa prueba. Leí tu mierda y no consigo desprenderme de ella. Es actual, es lo que pasa ahora y todo el mundo ve pero nadie se fija en ello, es lo que quiero plasmar en mi próximo trabajo. Lo vi clarísimo el otro día.

––¡Es lo que quiere puto plasmar en su próximo trabajo! ––grita Xoxanna, asustándome mucho.

––Vale, vale, de acuerdo. Lo haré, claro que lo haré.

––Claro que lo puto harás ––recalca ella.

El Director de Cine se ríe.

––Es que está muy nerviosa hoy, ¿sabes? Ha perdido seguidores en no sé qué sitio y le han hecho un jaque mate en no sé qué otra cuenta… Si te fijas, tiene acento valenciano.

El Director de Cine se ríe a carcajadas; es todo dientes y campanilla. El sonido de su risa tiene fuerza de empuje. Se contagia a las mesas de al lado y de ahí pasa a las siguientes. Nos miramos sonrientes, aliviados por haber salvado el culo con tanta suerte y sin ningún daño colateral; más bien, todo lo contrario. Comenzamos a charlar de otras cosas y poco a poco nos vamos relajando y recuperando la confianza en nosotros mismos. Cuando acerco la mano a la bandeja repleta de repostería hiper calórica, todos los fantasmas que nos venían persiguiendo estos últimos días ya se han esfumado.

Pero de pronto, antes de que pueda escoger la pieza que quiero devorar, una ráfaga de color naranja me llena de nata toda la cara y una exclamación formada por al menos sesenta y cuatro cuerdas vocales tapa hasta el hilo musical. Marisa Lanormal, en la entrada de la cafetería cual pitcher sin gorra, se prepara para lanzar otra naranja. Strike uno.

Cuando logro quitarme la nata de los ojos consigo ver al Director de Cine que, pringado también hasta las cejas, continúa riendo igual que antes, como si estuviera drogado.

––¡Debajo de la mesa! ––grito.

––¿Qué cojones pasa? ––pregunta el Director de Cine sin poder controlar la risa–– ¡Qué pasa!           

––¡Ha venido, al final ha venido, se me había olvidado, joder!

Un zumbido, gritos de asombro por toda la cafetería. Esta vez no puedo ver la estela que dejan los proyectiles. La naranja impacta contra mi nuez y me corta la respiración. Strike dos.

––¡Hostias, la loca de los huevos! ––Xoxanna me coge por los hombros y me empuja hacia abajo. Buscamos refugio. Fuego a discreción. Tengo fuertes arcadas y no puedo hablar. En pocos segundos estamos los tres bajo la mesa, cobijados por cuatro palmos de mantel de cuadros.

––¿La conocéis? ¡Hostia puta! ¡La conocéis! ––exclama el Director de Cine fascinado–– ¡Sois geniales!

––Es Marisa Lanormal, su único cometido en la vida es perseguirnos y lanzarnos naranjas feas. No respira por más que para lanzarnos naranjas feas con violencia cada vez que se cruza con nosotros. Siempre lleva alguna encima, la muy zorra––explica Xoxanna a cubierto, como si fuese el mismísimo coronel Kurtz de Apocalypse Now.

Trato de hablar pero sólo me salen gorgojos. El Director de Cine se dobla de la risa, agarrándose la tripa con las dos manos. Su cara es nata y un agujero con lengua y dientes. Otro impacto, al parecer sobre un vaso de café que estalla y esparce su contenido en una ardiente onda expansiva. «¡Oh dios mío, me ha abrasado la cara!» Escuchamos desde nuestro refugio.

Strike tres. Daños colaterales y víctimas civiles. Otro ataque de risa del Director.

––¡El día en que te pille acabarás bien jodido, mamón de mierda! ––grita Marisa Lanormal desde la puerta. Ya no tiene más naranjas. Huye corriendo, moviendo los brazos exageradamente como si fuese la rana Gustavo.

––¡Sois geniales! ¡Gracias! Esto es lo mejor que he visto en años. ¿Lo ves, chaval? ¡Esto es realidad, esto es cine! ¡Nos vamos a llevar de puta madre! ––exclama el Director de Cine, que sigue riéndose como alguien que no se lo pasaba tan bien desde hace mucho tiempo y le hacía falta. O como alguien que está hasta las cejas de todo, además de nata.

 

II

 

LA FIESTA

Después de la reunión que tuvimos con El Director de Cine, éste hizo una fiesta en su casa en la que fuimos sus invitados de honor.

Ahora no se dónde estoy, parece un parque, me acabo de despertar en un maldito banco de un parque y Xoxanna me está llamando por teléfono.

––¡Dónde estás! ¿Qué ha pasado? ¿Qué día es hoy? Joder, me he despertado en un sofá y un chihuahua se estaba puto follando mi brazo. ¿Me lo puedes explicar?

––Son demasiadas preguntas, Xoxanna, yo también tengo unas cuantas sin contestar ahora mismo.

La cabeza me va a estallar. Es como si me hubiera pasado un autobús por encima de la espalda. La llamada de Xoxanna me ha despertado. Me incorporo en el banco haciendo frente a rayos de dolor. El cielo cae tímido sobre mis hombros, como si no quisiera asustarme.

––¿No vas a decir nada? ¡Huelo a polla de perro pequeño! ¡No te rías!

Cuando Xoxanna me grita «no te rías» estando muy enfadada automáticamente estallo en carcajadas. No lo puedo evitar y, como si fuese un castigo impuesto por ella, dos globos de dolor alojados en mis sienes se hinchan al ritmo de mi risa. Cuanto más me río más me duele la cabeza y más se enfada ella. No se dónde estoy ni por qué he acabado aquí, y por si fuese poco, el perro de un pijo que probablemente tenga perfil en Pinterest ha violado el brazo de Xoxanna. Xoxanna odia los perros; aún más a los chihuahuas. Dime que no hay comedia en todo esto.

––¡Cuando te encuentre te voy a puto partir la cara!

Otro de los rasgos más característicos de Xoxanna es el manejo del vocablo «puto». Lo anticipa al verbo y no al sustantivo. Me encanta.

Tengo mierda de pájaro en los pantalones. Un mendigo me observa desde su banco como si me conociese y alza su cartón de vino dándome los buenos días. Demasiados cabos sueltos. La gente habla del destino con la misma facilidad del que se quita un moco bien pegado a la pared de su fosa nasal; sí, de esos que te arrancan una lagrimita. Lo único que sé es que en los últimos días nos han presentado a un montón de gente moderna en un montón de fiestas iguales que se han ido juntando en mi cabeza haciendo que confunda martes con jueves y todo eso. La película que quiere hacer el Director de Cine está teniendo bastante acogida entre los drogatas más extravagantes de la farándula.

Continúo con la conversación. Las pausas prolongadas también le ponen de los nervios.

––Para vernos y que me partas la cara primero tendremos que saber dónde estamos. Lo que ocurrió ayer o quizá anteayer ya irá surgiendo sobre la marcha, espero. ¿Tienes dinero? ––pregunto palpándome los bolsillos para comprobar si no lo he perdido todo. En el bolsillo trasero encuentro una tarjeta.

––Yo ya sé dónde estoy: en la casa del Director de Cine. Tuvimos la fiesta aquí ayer. No hay nadie, ahora estoy en la cocina, he ido a beber agua y a comer algo. Estoy sola y me estoy poniendo fina a salchichón.

––Bueno, al menos el chihuahua violador de brazos te hace compañía. Yo estoy en un parque y un mendigo me está haciendo ojitos.

––Que te den. Tu gorro de lana estaba dentro de la nevera puesto sobre una sandía, me han dado ganas de coger una maza y reventarla, como hacía el cómico ese de los años ochenta––. Escuho unos ruidos extraños al otro lado de la línea. Ladridos ––¡Mierda, la chalada de los cojones también está! Lo que puto me faltaba…

––¿Quién? ––más ruidos, más ladridos.

––La zorra de…

Unos segundos antes de que se corte la llamada escucho la inigualable voz de la Hija del Director gritando «¡Nostalgia germana, pico de pato!».

Genial. Trato enfocar la vista para leer lo que pone en la tarjeta. Arena en los ojos. Tiene un número de móvil escrito a mano y debajo una frase: «Recuerda lo que pactamos acerca del guión y la película triunfará». Los números no se distinguen bien porque el bolígrafo con los que fueron trazados no estaba en sus mejores momentos. Los datos impresos de la tarjeta, salvo el número de un teléfono fijo, están tachados concienzudamente.

Miro la pantalla del móvil. Viernes, 4 de abril, 9:09 a.m. Y un montón de notificaciones de Twitter, Instagram, Facebook y demás mierdas que poco a poco y con la ayuda de mi CM, estoy aprendiendo a utilizar. Marco el único número de la tarjeta que ahora puedo distinguir: el fijo.

––Pompas fúnebres Martínez Pelayo, ¿en qué puedo ayudarle?

Cuelgo. Me imagino a Xoxanna atizándole con el salchichón a la Hija del Director mientras el chihuahua folla brazos busca una esquina contra la que frotarse.

Me levanto, me mareo y trato de recordar. Un popurrí de imágenes se agolpa en mi cabeza, pero ninguna es válida.

––Hace unas horas estabas muy contento ––me dice el mendigo desde su banco––. Viniste con un tipo trajeado, ibais dando voces y me despertasteis. Estaba soñando que me follaba a la Cantudo. Cabrones… llegados a este punto lo único que me queda es disfrutar de los sueños.

––¿Y qué más hice?

––Os sentasteis en ese mismo banco a fumar marihuana. El tipo trajeado se levantó y dijo algo incomprensible, creo que era japonés, o chino, nunca sé distinguirlos. Os disteis la mano, tú dijiste que te ibas a echar una cabezada y ahí te quedaste.

––¿Puedes decirme algo más?

––Hoy en día los jóvenes no sabéis beber, maldita sea, en mis tiempos…

Veo el camino que quiere tomar con su monólogo, así que desvío la atención hacia la extensa campa que nos acoge; no recuerdo que exista un parque tan grande en plena ciudad, así que decido optar por las nuevas tecnologías; saco el móvil y abro la aplicación de mapas. El mendigo sigue a lo suyo, escupiendo historias al aire que hablan de juventud y borracheras. Estoy muy a las afueras. Camino en dirección sur.

Suena el teléfono; es mi CM.

––Hola, Almudena, buenos días o lo que hostias sea.

––¡Uy! Menuda voz que me traes por la mañana, quillo, normal, ¡con la que liaste ayer! ¡Tu cuenta de twitter está que arde!

––Lo que me arden ahora mismo son las entrañas, y no tengo ni puta idea de la que lié ayer –– risas jóvenes y andaluzas al otro lado.

––¡Ay, estos nuevos famosos! Recién salidos a la palestra y ya se comportan como estrellas del rock.

––Me he despertado en un banco del parque lleno de mierda de pájaro, ¿crees que eso se parece algo a la vida de alguien famoso?

––Tienes setecientos noventa y dos seguidores nuevos, entre los que se encuentran actores y actrices muy pero que muy famosos. Acabo de tuitear lo que me has dicho.

––¿Qué es lo que hice ayer, Almudena? ¿Qué pasó? Guíame en la vida, por favor, en la real, no en la virtual.

––Ya tienes quince retuits y ochenta y dos favs.

––No tengo ni puta idea de lo que me hablas. Me sería de más ayuda saber dónde está mi casa. Escribe eso también, si quieres.

––Eres genial. Hasta donde yo puedo saber y por los vídeos, fotos y mensajes que me mandaste ayer, estuviste en una fiesta en casa de nuestro jefe, el Director de Cine, que se celebró con el motivo de recaudar fondos para la nueva película que quiere hacer. Hubo mucha droga y hasta una orgía. Pero puedes estar tranquilo, todo el material que me mandaste está a salvo conmigo, lo tengo todo en un pendrive y he vaciado todos los chats. Te recomiendo que hagas lo mismo, no todo es comprometido, pero hay cosas que sí. La fiesta fue bien; se consiguió bastante dinero. En uno de los mensajes de audio que me mandaste me decías que me ibas a poner un piso en La Alhambra, ¡qué bonico que eres! Ah, y parece ser, según los DM que has recibido, que llegasteis a un acuerdo sobre el tema del guión. No se dice nada en concreto, porque eso obviamente es confidencial y no se puede decir ni siquiera por teléfono, así que con eso no te puedo ayudar. Pero por lo que te dicen, intuyo que hubo un acuerdo.

Desde que he oído la palabra orgía me he detenido en una especie de mirador desde el cual se ve toda la ciudad. No estoy en un parque, estoy en un monte.       

––Joder, Almudena. Joder.

––No te hagas mala sangre, quillo. Tranquilo, ya te enterarás de todo. Esta gente estará tan mal como tú ahora y no empezarán a funcionar hasta dentro de dos días como poco. Mantente alerta y con el tema del guión ten cuidado. Aunque ahora que lo pienso, no puedes largar nada sobre algo de lo que no tienes ni idea–– se ríe––. Haz como que sí lo sabes, sígueles el rollo y la situación te irá dando pistas e irás recordándolo todo. No creo que te hayan dado rohypnol, ¿no? La amnesia tras una buena resaca es pasajera. Raras veces es permanente. Lo que sí te recomiendo es no darles a entender que se ta ha olvidado el pacto, eso te daría muy mala imagen en los inicios.

––De acuerdo, prométeme que serás mis ojos y mi luz estos días, por favor.

––Por su puesto, ese es mi trabajo. El piso con piscina en el jardín, por favor.

Nada más colgar y antes de que pueda prenderme un cigarro y disfrutar de las vistas, vuelve a sonar el teléfono. Una voz aguda con acento asiático me dice.

––Señor Li Chiao listo para desayuno con usted. ¿Dónde se encuentra? Díganos y coche enviamos a buscar ––me flaquean las piernas.

––Ahora mismo no lo sé, estoy en un monte y desde aquí veo toda la ciudad.

––Ah, sí, ir usted allí por la noche con señor Li Chiao a un club de señoritas para cerrar trato. Señor Li Chiao listo para desayuno con usted, llevamos coche allí a buscarle, envíenos localización exacta whatsapp. Cinco minutos.

Hago lo que me han dicho. Les envío la localización exacta por whatsapp (radio de cinco metros) al número que me ha llamado, y espero.

Un cigarro es lo que tardan. Una limusina negra con los cristales tintados se detiene frente a mí. La ventanilla trasera desciende con fluidez y asoma la cara de una mujer que, aunque lleva gafas de sol oscuras y anchas, está claro que también es asiática.

––Sube ––suena como una orden.

Dentro de la amplia limusina el que parece ser el señor Li Chiao grita cosas en su idioma con ese tono agresivo que tienen los chinos aunque te estén felicitando la Navidad.

Chilla y gesticula y vuelve a chillar; hasta que por fin se calla.

––Señor Chiao dice que estar muy interesado en producir película y que pondrá el sesenta y cinco por ciento del dinero que cueste.

––Hostias, ¿sólo ha dicho eso? ––la intérprete se ríe––. Quiero decir… no, no, espera, no le traduzcas eso… joder, qué nervios más tontos. Me refiero a que… ¿en esta reunión no deberían estar el director y el productor? Yo soy el guionista.

––Señor Li Chiao querer tener relación directa con todos los artistas de los proyectos que emprende, para tratar con productores siempre hay tiempo, pero quiere tratar bien y tener contentos a los que él considera los artesanos.

Li Chiao vuelve a gritar y gesticular. El reflejo de la luz del sol resalta los perdigones que salen despedidos de su asiática boca.

––Dice que ayer se lo pasó bien con usted, que le dio confianza, que no quiere influir nada en su proceso de creación y que si mantiene su promesa de abastecimiento y escribe el guión según lo acordado en la fiesta de anoche, hará todo lo posible para que la chica morena y tú seáis felices.

––La promesa de abastecimiento ––afirmo, no pregunto. Dos mujeres más que hasta ahora no había visto manejan platos y boles con comida. El olor es fortísimo. No me imaginaba que el desayuno iba a ser sobre la marcha.   

––Doscientos cincuenta kilos de queso Idiazabal. Señor Li Chiao muy aficionado al queso.

––¡Doscientos cincuenta kilos de queso Idiazabal! ––grito aliviado porque los doscientos cincuenta kilos se pueden comprar legalmente en el mercado. Ya me las arreglaré––. Por su puesto, tenemos un queso estupendo aquí ––añado.

La intérprete traduce. Li Chiao ríe y me tiende un bol humeante. El olor me da náuseas. Mareado en un coche como cuando era pequeño y hablando con la mafia china del queso. El bol tiene una salsa marrón color arena mojada y unos bultos negros envueltos en tempura. Li Chiao vuelve a chillar.

––Señor Li Chiao dice que estar encantado de poder compartir este plato con usted, que le sorprendió mucho cuando ayer dijiste que te gustaban. Fue como tratar con uno de los suyos. Está muy orgulloso de usted y de que le guste este plato.

––¿Puedo preguntar qué es? ––la intérprete, con un bol idéntico al mío en la mano, me mira confusa. No lo traduce.

––¿No se acuerda? Señor Li Chiao quedó encantado con usted al decirle que le gustaban los grillos en tempura con salsa Teriyaki. No voy a traducir esto–– le dice unas pocas palabras––. Le he dicho que estás muy agradecido. Come ––vuelve a sonar como una orden.

Tanto la intérprete como el señor Li Chiao se meten un grillo en la boca y empiezan a masticar. Crujen mucho. Miro el bol. No tengo escapatoria. Que viva el cine y el arte y la escritura y la madre que los parió a todos. Como.

No está tan mal como pensaba. Rico no está. Me aguanto las arcadas pensando en otras cosas. Me termino todo el bol. Brindamos con sake. Señor Li Chiao vuelve a gritar.

––¿Dónde quiere que le llevemos?

––A mi casa, por favor, estoy agotado ––les doy la dirección. La intérprete se la traduce y el señor Li Chiao le da las instrucciones al chófer.

Nos damos un fuerte apretón de manos y me promete que nos cuidará y nos mimará al igual que a los actores, porque somos la esencia del proyecto.

Por fin en casa. Me derrumbo sobre el sofá, tengo náuseas pero no creo que tenga fuerzas para levantarme en caso de emergencia. Xoxanna ya ha llegado. Veo sus cosas desperdigadas por todos los lados; está dándose una ducha, puedo oírlo.

Cierro los ojos y veo grillos. ¿Se puede decir que todo va bien? Tan sólo tengo que acordarme de lo pactado acerca del guión. Tenemos tiempo y entre los dos seguro que lo conseguimos, sólo tenemos que descansar un poco.

El teléfono vuelve a sonar.

––¿Cómo está mi ojito derecho? ––es el Director de Cine.

––Con una resaca de la hostia, pero bien.

––Lo de ayer fue increíble, chaval. Xoxanna y tú os comisteis a todos. ¡Guau! Jamás pensaría que fueran a pasar por el aro con una propuesta semejante, pero tenéis algo, sí, lo tenéis, esa chica no sólo consigue cosas al mejor precio y con las mejores condiciones, sino que además también sabe hacer dinero. Es increíble, sois increíbles. Te estoy llamando desde mi número personal, es el que te apunté en la tarjeta ayer, antes de que te llevases al chino de putas. Va a pagar, ¿no?

––Dice que el sesenta y cinco por ciento de todo, sí.

––¡Uoooouuuuuuu! Casi no vamos a necesitar mendigar a las televisiones ni llorar a las cajas de ahorro. ¡Esto va a ser la hostia! Recuerda lo que pactamos ayer sobre el guión. Si lo haces, todo irá bien, ¿ok?

––Claro, descuida.

––Jamás se me olvidará la noche de ayer, chaval. Fue increíble, cerrar un trato de semejantes características en una orgía, todos desnudos y dándole a todo. En fin, bendito el día en que  tu novia te abrió una cuenta en Twitter, chaval, y bendito el día en que me mandaste ese mensaje. Vamos a descansar unos días, ¿vale? Creo que lo necesitamos todos. Pronto seguiremos con esto. Ahora a dormir. Un fuerte abrazo. Gracias por haberos cruzado en mi camino, estaba a punto de dejarlo todo.

Cerramos el trato en una orgía… Parece que algo empieza a cobrar forma dentro de mi cabeza, pero no, aún no tiene consistencia. Xoxanna sale de la ducha desnuda y al verme, corre hacia mí.

––¡Cariño! Menudo día… no sabía dónde estabas, no tenía batería… ¡menos mal que ya estás aquí.

Su cuerpo húmedo huele a frutas apetitosas. Nos besamos. Me quita la camiseta. Muerdo su cuello. Se levanta. Yo también. Me quita el pantalón y corremos hacia la cama. Su cabello me hace cosquillas en el ombligo. Su lengua baja lentamente hacia… Algo pasa, el camino de saliva se ha interrumpido. Levanta la cabeza y me mira; está sonriendo. Tiene agarrada mi polla como una cantante primeriza que busca el botón de encendido en un micro inalámbrico.

––Cariño… tienes algo escrito aquí ––dice. Y se ríe. Ya nada me sorprende hoy.

––¿En serio? ––miro al techo–– ¿Y qué pone?

––Vosotros.

––¿Cómo?

––Vosotros.

––¿Eso es todo?

––Sí, no es como en el chiste, ya está dura.

Me incorporo. No entiendo nada. Intento verlo pero no tengo perspectiva. Voy hacia el espejo del armario. Sí, ahora con el reflejo lo veo claramente, por la parte de abajo pone: VOSOTROS. Me giro. Xoxanna está tumbada boca abajo y partiéndose la caja de risa. Me fijo en la parte baja de su espalda, en la zona lumbar. También tiene algo escrito. Me acerco. Pone claramente y en mayúsculas: ESCRIBE SOBRE. Me miro la polla. VOSOTROS. Miro su culo. ESCRIBE SOBRE. Esa es la clave, ese es el acuerdo confidencial que ayer se firmó con sudor, saliva, semen y flujos vaginales.

Me abalanzo sobre Xoxanna, la cojo por la cintura y encajo las dos piezas del puzzle que faltaban.

Ella aún no lo sabe, pero estoy seguro de que le gustará mucho.

ESCRIBE SOBRE VOSOTROS.

ESCRIBE SOBRE VOSOTROS.

ESCRIBE SOBRE VOSOTROS.

ESCRIBE SOBRE VOSOTROS….

Por fin las piezas encajan. Y parece que nos gusta. Nos gusta mucho.

––¡Escribe sobre vosotros! —Grito entre jadeos, encajando una y otra vez las dos piezas que faltaban en este puzzle.

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