Xoxanna y yo no pasamos por nuestro mejor momento. Individualmente estamos anulados y como pareja sólo buscamos hacernos daño. Yo, más que anulado, me estoy desfigurando poco a poco. No me reconozco en muchos de los actos (no digamos ya pensamientos) que tengo a lo largo del día. Es como si alguien que llevase mucho tiempo escondido en mi interior estuviera asomando la cabeza. Ese alguien no me gusta, sobre todo porque tengo la sensación de que le conozco y eso me aterra. Lucho a diario por mantenerlo enterrado, pero el estrés, la pena y la frustración no ayudan nada. El sueño que tuve el otro día, en el que Xoxanna volvía del trabajo (de uno que no tenía) fue tan lúcido que ahora recuerdo cosas y las confundo con mi imaginación. Dudo de haber hecho cosas de las que me pueda arrepentir.

Confundo realidad con ficción. Nunca había escrito bajo encargo y mucho menos sometido a esta presión. Escribir sobre nosotros me está conduciendo hacia el abismo de la locura.    

––¿No te das cuenta, Xoxanna? ¿En serio que no te das cuenta? ––pregunto desde la desesperación. Ella pone cara de adolescente a la que le han pillado con porros en casa y que sólo quiere que la dejen en paz. Es un gesto nuevo que ha adquirido estos últimos días y que me saca de quicio––¡No eres la misma!

––¿A qué coño te refieres con que no parezco puto la misma? Estoy harta de que me lo repitas todo el rato, parece que no tienes otro argumento estos días. No eres la misma, Xoxanna, has cambiado, ¿qué te pasaaaaa? ––Se burla, me duele–– ¿Y tú qué, eh? Aquí todo el puto día encerrado bebiendo y escribiendo cosas que luego no entregas.

––No entrego las cosas que escribo porque el puto Director de Cine está desaparecido desde lo del vídeo de su hija, Xoxanna. Filtraron un vídeo de su hijita menor de edad mamándosela a dos tipos a la vez. Es un personaje público, ¿te lo imaginas? No, claro, qué hostias vas a imaginar si sólo sabes pensar en ti. Además… ¿Qué coño piensas que es esto, trabajos de la universidad que se mandan por correo al buzón de tu tutor a las once de la noche? Tengo que mantener contacto con gente que sólo piensa en sí misma y que cree que los demás han nacido para lamerles el culo, ¿sabes lo que es eso? ¿Crees que lo que escribo se puede publicar en Facebook o en Twitter? No se puede hablar de ello ni por el puto teléfono, Xoxanna.

––¡Pero quién coño te crees! ¿De pronto eres agente doble de la CIA?

––¡Quién coño te crees tú! Diva de mierda, te estás volviendo como ellos, te rodeas de silencio y misterio para que tu personaje gane puntos. ¡No eres importante, no eres nadie!

––¡Que te jodan!

––¡Que te jodan a ti! Dios, esto es insoportable, es como si viviese con una de las gemelas Olsen cuando está de rehabilitación…

Una taza, y no cualquiera sino Mi Taza, la que pone «Jerry García Is God», sale volando directa a mi cabeza. Por suerte consigo esquivarla pero por desgracia estalla en mil pedazos condenados al olvido cuando aterriza en una esquina del salón. Me levanto y camino con decisión hacia la puerta. Tengo que ir al bar. Xoxanna trata de detenerme, se arrepiente del arrebato y su gesto se vuelve conciliador, suplicante. «Lo siento, lo siento, espera, lo siento«, dice. Pero no me sirve. Ni sus palabras ni su rostro enlagrimado me dicen nada. Se lamenta. Hay algo que no me quiere decir y ese algo nos está jodiendo como pareja.

Me acompaña hasta la puerta intentando detenerme con una red de tímidos abrazos, pero me zafo de ella. Cuando estoy en el umbral me doy la vuelta y no soy yo, sino mis celos y mi paranoia quienes hablan.

––¿Sabes qué es lo peor de todo? Que has conseguido que me dé igual lo que te pase. Llevas semanas yendo a unas clases de interpretación de las que no me has contado ni el más mínimo detalle; llegas a casa a las tantas, destrozada, triste, no cenas, te tumbas en la cama y te quedas dormida con la ropa puesta; me evitas, me escondes algo… Antes me preocupabas, me mataba la posibilidad de que te estuvieran tratando mal o de que fueran demasiado duros contigo. También pensé que te estabas tirando al sociópata del Actor Perfecto. Joder… en la semana más dura de mi paranoia toqué fondo creyendo que habías caído en una red de prostitución ––puedo sentir cómo el desdén de mi risa le abre una falla en el pecho––. Pero ahora me da igual. Todo me da igual.     

Sus ojos son dos canicas húmedas con las que no me apetece jugar. Espero unos segundos a que me diga algo; silencio. Me doy la vuelta.

––¿Te da igual esto también? ––implora con temblor a mi nuca. Me vuelvo. Sostiene la pantalla iluminada de su móvil con lo que parecen cientos de mensajes entrantes. Yo estoy muy cansado. Lo único que quiero es rendirme en la barra del bar y beber hasta vomitar. Quiero castigarme con la dulce esperanza de que todo se puede olvidar mirando el fondo de un vaso. Es entonces cuando cometo un error y contesto que sí, que me da igual eso y todo lo demás, que me importa un puto huevo los numerosos mensajes intimidatorios que lleva recibiendo desde hace semanas, que la insultan, la humillan, la acosan e incluso la llegan a amenazar de muerte. En realidad yo sólo veo un móvil sujetado por una persona que me oculta algo. No me paro a pensar qué significa esa luminosa pantalla que tiembla pidiendo ayuda.

Cuando regresé, horas después, Xoxanna estaba dormida.

Me tumbé a su lado y la abracé. Su tacto era como el de una almohada vieja.   

Durmió todo el día siguiente sin apenas moverse, inconsciente. Se había tomado cuatro Lexatines con una botella de vino. Cada dos horas le tomaba el pulso y comprobaba su respiración, pensando si en el fondo aquello era un descanso para los dos o si acaso, todo seguía igual.

 

***

 

Mensaje para “Almudena CM”

Con copia oculta para: “El Director de Cine”

Enviado hace cinco horas desde mi cuenta de correo electrónico.

“Hola. Te hablo a ti porque no puedo hacerlo con nadie má. Ahorrémonos los prolegómenos, por favor. Los odio. Vayamos al grano. Últimamente tengo miedo de mí mismo. Si estoy escribiendo esto es porque quiero que quede constancia de ello, de lo que siento, porque me cuesta distinguir entre lo que es real y lo que no. Esto que te voy a contar es real, pero el que habla es mi Yo de las afueras.

Odio al ser humano. Afortunadamente, la sociedad respeta mi opinión y me regala el placer de permanecer en un segundo plano. Soy invisible para las personas; es como tener un super poder. Puede que me cruce contigo todos los días, pero tú irás a lo tuyo y yo a lo mío; así que todo arreglado. No le des más vueltas, no te atrevas. 

Cuando era más joven me gustaba pasear solo y observar a la gente. Me sentaba en un banco y dejaba la vida correr, como cuando te vas a servir un vaso de agua en verano y abres el grifo y haces que mane para que salga más fresca. Había tantas cosas que no entendía… Por eso abría el grifo y me sentaba en un banco a observar. Era la única forma de verlo todo claro.

Muchos de vosotros pensáis que vivir es tener objetivos, hacer muchas cosas, conseguirlo todo, tener éxito y dinero, conocer a cuanta más gente mejor… Como si pensaseis que, de algún modo, vuestra mera presencia en el mundo no fuese suficiente para dejar mella en él. En el fondo tenéis razón; no es suficiente, pero de poco os servirá ser populares o famosos, escribir un libro, hacer una película o tener miles de seguidores en las redes sociales. Todo eso son problemas.

La injusticia provoca en mí un instinto asesino. Es la cara más visible del demonio en un mundo que Dios creó con su esfuerzo desinteresado. Por eso creo que los que la fomentan y se aprovechan de ella, no merecen vivir. He tomado una decisión y te la cuento a ti porque no se la puedo contar a nadie más y también porque quiero que quede constancia de que esto es real y todo eso.

Voy a matar a tres personas que llevan toda su vida aprovechándose de las injusticias, pero antes voy a hacer que sufran un poco. Voy a llevarles al límite, voy a hacer que se destruyan a sí mismos. Puede que al final sean más de tres, ya que uno cuando se mete en el ajo, nunca debe descartar daños colaterales. Son gente muy simple. Unos pobres diablos que se creen semi dioses porque un puñado de catetos les cree diferentes al resto.

No me des las gracias, no hace falta. No busco reconocimiento. Sólo justicia. Son una lacra social, un producto de esta sociedad enferma que venera la fama por encima de todo.

El mundo será un lugar mejor sin ellos”.

 

***

 

Algo raro pasa con el tiempo. No me refiero a que haga calor en febrero y todo eso, no. Es como si los minutos fuesen un lugar que te pone triste, como esas avenidas desiertas llenas de remolinos de hojas secas y bolsas de plástico que giran a merced de su propia soledad.

Nuestro hogar, cuatro paredes; el silencio de una casa enfadada y Xoxanna durmiendo. Lleva en la misma posición veintisiete horas y media. Casi me he acostumbrado a esta nueva situación. Yo divago y me pongo nervioso y no arranco a escribir porque pienso en fisgar su móvil. Mientras, ella respira con la suavidad del polen posándose sobre el alféizar de una ventana. Esos mensajes… ¿qué dirán?

La marca que tengo en el muslo izquierdo, cuatro puntos negros con la separación exacta de las púas de un tenedor, me recuerda que su móvil no se toca desde aquel día en el que ella se estaba comiendo una tortilla francesa y yo extendí la mano para alcanzárselo porque me pareció muy ocupada.

No estaría mal vivir así. Ella no sufre, sólo duerme, y yo, poco a poco, aprendería a pensar menos y a fijarme más. Pasaría el tiempo y tan sólo tendría que tumbarme a su lado para sentir su respiración de pez y su tacto de almohada vieja cuando le paso con suavidad el brazo sobre su huesuda cadera. Poco a poco iría adelgazando, tendría que alimentarla por vía intravenosa y darla la vuelta de vez en cuando para que no le salieran llagas. Así tendría alguien con quien hablar, alguien con quien compartir la soledad del escritor. Le contaría todas las escenas y nos reiríamos con las más malas… Es patético, lo sé, y me importa un huevo de pato.

Xoxanna se despierta cuando yo ya llevaba como diez minutos sin parpadear observando la leve dilatación de las aletas de su nariz al respirar. Me hubiera gustado disfrutar de ello un par de minutos más, y tal vez haber tenido algo preparado. Hace unas horas, cuando me vine arriba al beberme dos litros de cerveza, pensé en ponerme el disfraz de científico chiflado de los carnavales pasados y gritarle «¡Bienvenida al futuro! Es el dos de diciembre del año tres mil seis«, pero tras vomitar aferrado al lavabo, me ha parecido una idea de lo más ridícula.

La realidad es que la resurrección de Xoxanna se limita a un par de toses, un limpiar de babas secas con el dorso de la mano, una mirada tan perdida como decepcionada y una huida hacia el baño. Permanezco en la silla en la que la he estado velando estos últimos siglos. La escucho mear. Sale del baño.

––¿Qué tal? ––me pregunta con una voz horrible. No sé qué contestar a eso.

––Ha habido un ataque terrorista en Túnez mientras tú no estabas. Ya les han pillado. La tele está que da asco ––digo

Se sienta en el sofá dejando caer toda su tristeza. Da un par de cabezadas. No dice nada.

––¿Por qué te tomaste tantas pastillas? ––pregunto.

––¿Por qué haces tantas preguntas? Eres un coñazo —contesta.

Se lleva la mano a la boca y se levanta rápido del sofá. El vómito le resbala por los nudillos. Trata de correr hacia el baño pero se tropieza y se cae al suelo, dándose un fuerte golpe en la cabeza. Vuelve a su estado anterior: inconsciente, pero esta vez yace a la entrada del pasillo. Yo sigo sentado. No siento nada. Xoxanna está boca abajo; no morirá ahogada. Me enciendo un cigarro.

Al de un par de minutos me llega un whatsapp de Alegoría: «pon la tele, cualquier canal donde den un programa matinal de esos con tertulianos». Imagino que será por lo de Túnez, para comentarlo y todo eso, porque estuvimos en el mismo sitio donde ha sucedido el ataque terrorista hace como mil años cuando estábamos en la universidad, pero cuando estoy buscando el mando y vigilando a Xoxanna de reojo por si se mueve, me llega otro mensaje que me encoge el estómago: «¿No es de tu jefe y de su hija de los que están hablando?»        

Joder que sí, están hablando de ellos. En todos los canales en los que hay un programa de mañana con tertulianos están hablando del vídeo de la Hija del Director, del Director de Cine y de una tercera persona que probablemente sea el Actor Perfecto.

Ahora mismo, un tío con canas y traza bobina en su rostro derechoso habla del posible asalto a una casa y de la destrucción de un equipo valorado en cientos de miles de euros. Se me tensa el perineo y me cago en mi quinto padre. Por lo menos no hablan de mí, que también estaba allí, viendo cómo torturaban a esos pobres frikis que resulta que, por casualidad, forman parte de una agencia freelance de hackers informáticos muy vinculada a los más importantes medios de comunicación del país y a los que se les atribuyen muchos éxitos en reportajes de investigación.

Suena el teléfono, es Almudena, mi Community Manager.

––He recibido amenazas, llamadas extrañas y mucho dinero para que suelte algo de información ––me dice––. Pero quiero que sepas que puedes y debes confiar en mí y en nadie más. Jamás les daría nada a esos buitres. La relación de un CM con su cliente es confidencial. Quiero que sepas que el correo que me has enviado hace unas horas también está a salvo de todo esto, lo que dices en él, aunque sea literatura, puede ser utilizado en tu contra y ahora mismo esa información vale mucho dinero.

No sé de qué correo me habla, estoy demasiado cansado para pensar en nada. Xoxanna tiene un espasmo en la pierna derecha y vomita, pero no recobra el sentido.

––No lo sé, Almudena, ahora mismo…

––No vamos a hablar más por hoy, tú no me llames, lo haré yo desde otro teléfono. Te llamaré mañana desde un fijo. Tengo todo guardado en una copia de seguridad encriptada y enterrada debajo de un olivo en la finca de mi padre. He formateado el móvil y el ordenador.   

Cuelga.

En la tele sale uno de los frikis torturados, muy afligido, afirmando que no puede tragar sólidos debido a las heridas que le produjo la porra extensible que le metió por la garganta El Actor Perfecto. En horario protegido, hablan de vídeos porno protagonizados por menores y desgarros de gargantas profundas, mientras repiten una y otra vez las imágenes algo borrosas y censuradas de la Hija del Director en pleno Gang Bang y reiteran la crueldad de la tortura y el asalto a la casa por parte de dos hombres que, a la espera de confirmarse, todo apunta a que sean el padre de la niña (aclamado director de cine) y un conocido actor. Todo un escándalo, el mayor en toda la historia de la industria del cine español, narrado con preocupación por los morritos operados de la rubia presentadora del magazine matinal con más audiencia del país.

Me enciendo otro cigarro y vigilo a Xoxanna. Todo sigue igual. Voy a la cocina a por una cerveza y salto por encima de ella escenificando una carrera de obstáculos. Cuando regreso al sofá vuelvo a hacer lo mismo y antes de que me pueda sentar para seguir de cerca el escándalo de la semana, suena el timbre. Abro la cerveza, doy un inmenso trago y vuelvo a saltar por encima de Xoxanna rumbo a la puerta. Apunto estoy de hostiarme al aterrizar sobre el charquito de vómito que ha dejado junto a su cara cuando ha tenido el espasmo. No sé por qué, pero pienso que es Alegoría que viene a ver el programa conmigo y a tomar unas cervezas, por eso abro la puerta sin mirar por la mirilla. Es un repartidor de MRW. Me entrega un paquete y me da algo para firmar. Mientras lo hago, el repartidor se fija en Xoxanna. «Le gusta echarse la siesta en el suelo, tiene familia en Japón», le digo. El chico asiente con normalidad y me entrega el paquete. Pesa tan poco que parece estar vacío, aunque al agitarlo, se nota que hay algo dentro. No tiene remitente. Vuelvo al sofá, salto la valla, subo el volumen y comienzo a abrir el paquete. Un olor nauseabundo sale de su interior. Es un pájaro de color azul, muerto. Una tarjeta ensangrentada encima de su cuerpecito aplastado dice:

 

«Hola, soy el Pájaro Larry*. Pronto acabaréis como yo».

 

*Pájaro Larry es el nombre con el que se le bautizó al icono de Twitter.

 

II

 

He tirado el pájaro, la caja y también la tarjeta al cubo de la basura que hay bajo el fregadero, he tirado hasta el resguardo de entrega del paquete; quiero borrar por completo el rastro de la amenaza para que Xoxanna no se asuste. Es una maniobra absurda, lo sé; la realidad seguirá siendo la misma por mucho que elimine las pruebas, pero ya pensaré más adelante en qué hacer con el (o la) amante de las aves y con el (o la) que le manda mensajes a Xoxanna. Lo primordial ahora es crear una atmósfera de calma para poder arreglar lo nuestro.

Bueno, lo primero que debería de haber hecho es prestar atención a lo que le pasa, pero confío en que juntos saldremos adelante con todo, como en los buenos tiempos. Madre mía, qué felices y despreocupados éramos por aquel entonces; lo único que queríamos era salir adelante sin tener un trabajo normal y sobre todo ser famosos, a toda costa. Ahora parece que han pasado mil años y  Xoxanna está tendida en el suelo, inconsciente.

No puedo evitar pensar en ella como en ese maniquí que cae víctima de la marabunta en las rebajas de Enero; un bonito, frágil y trotado maniquí al que no le hago caso, al que le he dado la espalda cuando más me necesitaba. He sido un imbécil. Pero lo vamos a arreglar porque en el fondo, seguimos teniendo «eso»; nos seguimos queriendo de “esa” forma.

Salto por encima de ella una última vez y bajo a los contenedores que hay frente al portal con una bolsa llena de buenas intenciones; símbolo del cambio.   

Tarde, tristemente tarde. Cuando subo ya ha vuelto en sí, sola, en el suelo de una casa que ya no parece nuestra. Tan sólo me he ausentado dos minutos para arrojar al olvido toda preocupación, con la esperanza de reiniciar nuestra relación, levantarla del suelo y sentarnos a hablar. Pero esos dos minutos han sido suficientes para acabar de cagarla. Se ha despertado y estaba sola, con un golpe en la cabeza, rodeada de vómito y con un móvil abultado de acoso por el que yo no he mostrado ni la más mínima preocupación.   

––¿Qué haces? ––pregunto.

––Marcharme de aquí para siempre ––contesta–– ¿Bien en el bar? Te has ido otra vez y me has dejado aquí tirada, en el puto suelo y como una perra ––Está pálida, sudorosa, tiembla de pena y ni si quiera me mira a la cara.

Siento que no tengo fuerzas para luchar, y lo que es peor, ganas tampoco. Estoy vencido. Ya nos somos los de antes; la mierda nos rodea.

––¿Así? ¿Ya está? ¿No hay nada que podamos hacer?

Su mirada me arroja la más cruel de las verdades: «ni si quiera lo intentas«. Tiene razón, ni siquiera lo intento y además, la dejaré escapar, no sé por qué.

Derrotado en el sofá, observo cómo hace la maleta con la que se alejará de mí. Mientras tanto bebo y fumo; es lo que mejor se me da hacer últimamente. «Las cosas pasan», pienso, «las cosas, pasan, no hay más».

Suena el teléfono; es el Director de Cine.

––Hola, hijo, ¿qué tal va la vida?

––A punto de salir por la puerta.

––Qué intensos sois los escritores, me gusta cómo utilizáis las palabras.

––No estoy haciendo ficción, es la verdad, estoy jodido. Xoxanna y yo estamos en plena ruptura, se va de casa y no puedo hacer nada por evitarlo.

––Pon el manos libres.

Le hago caso.

––¿Xoxanna? Escúchame, hija, por favor, acércate. Ven aquí.

Xoxanna asoma por la puerta del baño como un cervatillo con el rímel corrido que al escuchar un quebrar de ramas recuerda a su madre. Me mira, aún es ella. Nudo en el estómago. Se acerca y se sienta a mi lado; electricidad.

––¿Estás ahí?

––Sí.

––¿Os tengo a los dos al lado?

––Aquí estamos ––daría todo lo que tengo por cogerla de la mano tras decir esto, pero no me atrevo.

––Bien… veréis… no sé cómo empezar, así que iré al grano. Estamos en peligro, lo habréis notado estos días, ¿verdad? Escuchadme, tenemos que ser claros con esto, no es el momento de callarse las cosas. En mi caso, aparte de todo lo que ha generado el vídeo de mi hija ––se le quiebra la voz––, lo más turbador del día de hoy ha sido un paquete que he recibido sin remitente que contenía un pájaro azul muerto y una tarjeta que decía…

––Hola, soy el pájaro Larry. Pronto acabaréis como yo ––interrumpo. Silencio al otro lado. Xoxanna se gira hacia mí cual liebre sorprendida en plena noche por las luces largas de una camioneta.   

––¡No me jodas! Tenemos el mismo amante ––dice el Director de Cine al otro lado.

––Tenéis ––añade Xoxanna––. Es la primera noticia que tengo de esto ––baja la vista decepcionada, pero con un matiz en el semblante que quiere decir: «ya no me sorprende, es lo que hay». Tengo un desprendimiento de esternón, sé que hoy vamos a discutir mucho porque ella también me ha ocultado cosas y no estoy dispuesto a que le dé la vuelta a la tortilla y sólo quede a la luz mi delito.

––Lo he tirado a la basura hace nada, a los contenedores de abajo, era repugnante ––explico–– Venía de allí cuando te has despertado, de ninguna otra parte, no quería que te asustases más, pensaba contártelo pero antes quería arreglar esto que nos está pasando ––busco sus ojos.

––Esto que nos está pasando ––repite Xoxanna con tono inerte escapando a mi mirada.

––A ti también, ¿no? ¿De pronto soy yo el único que oculta cosas aquí? Llevas sin hablarme semanas, sin contarme nada. Vale, el otro día lo intentaste y yo no te hice caso, lo siento, pero no trates de ocultar lo tuyo debajo de lo mío porque también tienes parte de culpa en todo esto. ¡Te veo venir!

Quiero hacerla reaccionar, que se enfade, que demuestre que está viva y que me lance cosas a la cabeza; pero esa Xoxanna está lejos.

––Déjame en paz ––dice en un triste susurro.

––Chicos, chicos, chicos… tranquilos, tenemos que estar juntos en esto, corremos el mismo peligro. Xoxanna ––silencio–– ¡Xoxanna! ––grita al otro lado El Director de Cine.

––Sí.

––¿Has recibido amenazas?

––No exactamente.

––¿Podrías concretar más?

––Hay alguien que sabe todo sobre mí. Recibo cientos de mensajes al día sobre fotos que he publicado en las redes sociales, de algunas ya ni me acordaba, muchas otras ni si quiera las he colgado en mi perfil. Sabe mis gustos, los nombres de mis amigas, cosas sobre mi familia, los viajes que he hecho, los eventos a los que he asistido… Me acosa continuamente mandándome mensajes al  teléfono desde un número oculto. Me persigue por la calle. Pero yo no sé quién es. Es… como si fuese invisible. El otro día me describió la ropa que llevaba y cómo me detuve frente a un escaparate de una agencia de viajes en el centro. Dijo que para mí la buena vida se había acabado, que a partir de ahora no iba a poder ni dar un paso sin que él se enterase…

Rompe a llorar. Mi reino por poder abrazarla.

––Sin que él se enterase, has dicho ¿es un hombre? ––pregunta el Director de Cine

––No lo sé, me lo imagino, lo he dado por hecho, estas cosas…

––Escuchadme, tengo una casa en las afueras, es segura. El nivel de las amenazas en mi caso es mucho mayor. Creedme, estoy acostumbrado a esto, pero lo de ahora es demasiado, tengo miedo de verdad. Esto va en serio y nos afecta a todos. A vosotros dos, a mi hija, al Actor Perfecto a Almudena y a mí. Estoy en esa casa ahora, junto a mi hija, también está el Actor Perfecto y Almudena está en camino desde Granada; a esa pobre chica se lo han hecho pasar putas. Tenéis que venir vosotros dos también, tenemos que estar todos juntos para hacer frente a las amenazas, aquí estaremos bien. Los periodistas no conocen este refugio, creen que estoy en la otra casa, donde nos conocimos descargando el camión, ¿te acuerdas, hijo? Joder, parece que han pasado dos mil años. Os mando un coche para que os recoja. Coged vuestras cosas. En media hora estará allí. ¿Qué os parece?

––Yo ahora no quiero estar con nadie ––dice Xoxanna.

––Ese tipo, o tipa, o lo que sea, se coló en casa de mi ex mujer la semana pasada y decapitó al perro, Xoxanna. También dejó una tarjeta, decía que los siguientes íbamos a ser nosotros, con nuestros nombres y apellidos, los de todos, acompañados del apodo «perro o perra». Sabe lo que hago, sabe lo que haces, sabe lo que hacemos todos. Hay que tener cuidado. Por eso tenemos que estar todos juntos. ¿Estáis de acuerdo?

Silencio. Nos miramos. Siento frío en los ojos.

––De acuerdo ––digo.

Silencio. Xoxanna mira al suelo, como si quisiera acuchillar el parqué con la mente.

––Xoxanna… Niña de mis ojos, nueva actriz revelación, reina de la improvisación… Cito a nuestra querida antigua alumna, Candela Peña, tras verte un día que se pasó por la escuela: «veo en esa niña algo pequeño que sólo se ve en las grandes» ––una vaga sonrisa se dibuja en su semblante. Es la primera vez que oigo hablar de las clases, por lo visto existen y ella lo hace bien. Alivio. Mis dedos se deslizan por el sofá recorriendo los centímetros que nos separan; larga travesía de mis yemas hacia la su pierna. Electricidad. Nos miramos.

––De acuerdo ––contesta–– Al fin y al cabo ya estaba haciendo las maletas.         

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