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Bitácora de Nacho. 6: Desde San Vicente de la Barquera.

San Vicente de la Barquera, Agosto de 2015.

La unicidad, acepción utilizada para referirse a la cualidad de ser único, conduce al Yo por derroteros egoístas. En la infancia es común compartir la fantasía de que los padres nacieron ya emparejados y que ambos no conocieron otra forma de vida ni edad que la de ser papá y mamá, ¿verdad? Ya en la adolescencia, existe otra no menos frecuente en la que el hijo se niega a aceptar que sus progenitores mantienen relaciones sexuales, dando así, de manera inconsciente, un tozudo carpetazo a su propia existencia. Esas y otras muchas, son fases por las que el individuo debe pasar hasta que consigue afrontar la extremada levedad de su propia existencia; no somos tan peculiares ni tan trascendentales como para que el universo se detenga ante nuestros deseos. Comprender tal cosa es un asunto complicado que, si todo se desarrolla con normalidad, sucede cuando el individuo es adulto. Hasta entonces, un puñetazo pueril en la mesa te lleva a negar la mayor; que no, que antes de mí aquí no había nada, señores, ni mis padres tenían vida ni mucho menos hacían cochinadas indecentes, y punto pelota. Read More

#Xoxanna 1×03. Marisa Lanormal y 250kg de queso Idiazabal.

HACE TIEMPO…

Un plató de televisión hace casi tres años. Un joven actor, la revelación de turno. Ahora da igual su cara, pero entonces nadie lo dudaba: era el Actor Perfecto. Había firmado el contrato ideal en el momento adecuado y su mentor, El Director de Cine, sentado a su lado en el mismo sillón, lo miraba como si éste fuese su posesión más preciada. Frente a ellos, el Más Famoso de los Presentadores.

La película había batido récords de taquilla; todo un hito en la historia del cine español. Prácticamente al inicio de la entrevista y tras una desenfadada introducción que dejaba claro lo mucho de moda que estaban los invitados del día, el Más Famoso de los Presentadores preguntó al Actor Perfecto:

—Has pasado de actuar en bares haciendo monólogos y de que te conocieran más que nada por el boca a boca, a tener una cuenta de twitter con más de seiscientos mil seguidores, ¿cómo se lleva eso?.

El Actor Perfecto, como si de pronto le hubiera alcanzado una rayo gripal, palideció, comenzó a sudar, incluso a tiritar levemente y finalmente contestó:

—Mal, muy mal.

El Más famoso de los Presentadores, creyéndose consciente del motivo de la respuesta, añadió: —Asusta, ¿es por eso, no?— Y se fijó en las gotas de sudor que perlaban su frente.

Entonces, el Actor Perfecto, como si estuviese confesando la mayor de sus vergüenzas, concretó con sinceridad:

—No, porque son pocos. Porque son muy pocos.

Y rompió a llorar.    

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Bitácora de Nacho. 5: Ambos desearon no volverse a ver jamás.

Esta es una anécdota que a mis padres les encanta contar, ya que fue su primer encuentro sin que ellos aún se conociesen. Cada vez que lo hacen varían ciertas cosas, añaden un acento aquí o un tono más allá, pero siempre lo hacen a dúo y con la sincronización perfecta que les caracteriza como matrimonio perfecto de cara a la galería que son y se han encargado siempre de ser. Les encanta bromear sobre todo acerca del encontronazo que tuvieron sus respectivos padres que en ese momento, “y con lo católica que es mi suegra” dice siempre mi madre, hubieran pactado con el diablo por no llegar a ser jamás familia política.

Todo lo que cuentan es una verdad maquillada, venida a menos y que ignora la parte de sus vidas que yo estoy contando aquí. Mi labor fundamental en este diario es lograr entender algo tan complicado como una familia, por eso camino por las partes oscuras y barro las esquinas polvorientas. Read More

Bitácora de Nacho. 4: Ignacio Salas, mi padre (II)

El tramo final del verano no fue especialmente agradable para Ignacio. Desde que habló con Jokin en los billares el día de la redada y éste le contó que Paula se había marchado a Bermeo, una obsesión se alojó en su cabeza: encontrarla. “No será difícil, sé el nombre y el apellido y con eso, en un pueblo pequeño debería de ser suficiente”, pensó. Qué inocente fue; pasó por alto la máxima de “pueblo pequeño, infierno grande”.

En sus primeros viajes lo único que recibió fue el batacazo de un silencio sepulcral y el reproche al forastero. Ignacio imaginaba que se iba a encontrar con una sociedad un tanto más cerrada pero ni por asomo intuyó que fuese a ser tan recelosa con el recién llegado. Perdió el tiempo a lo tonto y lo que es peor, echó piedras sobre su propio tejado al entrar como un elefante en una cacharrería en bares y comercios haciendo preguntas a los vecinos sobre una chica que, eso saltaba a primera vista, era conocida por una mayoría que cerraba filas entorno a su historia. ¿Qué les ocurrió a los Eguskiza? ¿Qué hizo Paula para que un velo oscuro mudase el gesto de los vecinos del pueblo nada más pronunciar su nombre? A medida que crecía el silencio, más fortaleza adquiría para Ignacio la necesidad de encontrarla.

Quedó un par de veces con el tío Jaime, una para cenar y otra para ir a San Mamés a ver al Athletic. Read More

La chica con la cara más pequeña que he visto en mi vida.

Lo reconozco, llevo demasiado tiempo hablando y hace mucho calor. La ración de ensaladilla rusa del expositor de tapas del bar tiene una mosca muerta dentro. Probablemente el dueño la haya dejado ahí para dar un mensaje a las demás. Fran, frente a mí, deja que su mirada se pierda en algún punto por encima de mi hombro derecho.

Fran es mi editor, amigo, agente, publicista y sufridor. Estamos en Madrid, y la presentación de mi novela ha transcurrido por debajo de unas (quizá demasiado) altas expectativas forjadas en la mente de dos chicos de provincia. Gastos notablemente por encima de ingresos. Público mediano, aunque entregado. Algún librero conocido que al final no ha asistido pero que nos ha dejado su tarjeta por mediación de otra persona. Promesas blandas, alcohol y noche tropical. Pero lo que importa ahora es que estoy llegando al clímax de mi exposición. Intento hacerle ver que la literatura debe de ser la máxima expresión de la sencillez. Read More

Centenarios

Es un plaza de un barrio degradado. Las calles que la rodean, a diferencia de los viandantes, conocieron tiempos mejores. En mitad del cemento, aburrido, florece un cerezo a destiempo. Un barrendero que luce con desgana colores fosforitos recoge pétalos del suelo, y el árido sonido de su escoba marca el compás de una mañana de primavera. En un banco, una anciana acompañada quizás por su hijo, comparte el eterno silencio de los que ya nada se tienen que decir y tan sólo esperan. En otro, un senegalés habla a gritos en wólof por Skype. Sobre el podio central de piedra fría que tiene dibujado a tiza un arcoíris que resiste al clima, dos chicas adolescentes con velo pasan el dedo por sus smartphones y ríen de vez en cuando. El lugar es punto de reunión para vecinos, ya que ofrece una débil red wifi abierta a un público con poco que contar, puesto que aquí, lo que sucede, sale en las páginas feas del periódico.
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Esos nuevos poetas

Últimamente me he topado con varios artículos que versaban sobre el boom literario de los denominados “poetas de internet”. Unos nuevos poetas que, según lo que leí, son jóvenes y guapos y modernos y sobre todo poco poetas o menos poetas que los de antes, y que por mucho que hayan irrumpido con fuerza en el mercado literario, son “fuegos de paja o papel”. Todos los artículos se desnudaban muy pronto, sin dejar nada a la imaginación, todos tenían mucha prisa por dejar clara la conclusión final.

Cada vez que me acerco a alguien que habla de los denominados “poetas de internet” detecto una doble intencionalidad: por un lado, cierto afán de poner vallas al campo literario y, por otro, una necesidad intrínseca de definirse lejos o diferenciarse del objeto a tratar por una detallada lista de méritos propios. El emisor, a medida que desarrolla su argumentación, rellena el aire que queda entre sus frases con un cemento que viene a decir algo como:“eh, tío, que yo hablo de esto pero no soy como ellos, ¿vale? Estoy a años luz de esos niñatos que se creen que lo tienen todo hecho. Yo no tenía tuiter cuando publiqué por primera vez y tardé seis años en sacar un poemario”. Read More

Gente sencilla

Hora punta en el metro. La gente sencilla sale de sus trabajos. Una señora viaja sentada en un asiento de los plegables y habla sola, ofreciendo pequeñas partes de su vida a las barbillas de los pasajeros que, aburridas, apuntan a las iluminadas pantallas de sus smartphones. “Menudo día llevo hoy, toda la tarde de un lado para otro. He tenido que dejar el ordenador en una tienda y luego he ido a comprar vainas a la otra punta de la ciudad”. Una chica sonríe ante un mensaje entrante. Un tipo trajeado repasa las cuatro noticias de última hora en un diario online. Un preadolescente sacrifica sus tímpanos al reguetón. Rutinas de la gente sencilla. “Las vainas son para mi hija que desde que se ha independizado no se alimenta bien y mañana viene a comer. Lo del ordenador es porque me gusta mucho jugar y lo rompo. Soy un desastre. ¡Ay, menudo día!”. Llevo observándola desde que he subido al vagón, tratando de averiguar, camuflado entre la multitud absorta, si en realidad se dirige a la mujer que tiene justo a su lado o, si por el contrario, es un monólogo rubricado por la soledad. Antes de llegar a mi destino compruebo que se trata de lo segundo. La gente sencilla está sola, y a la vez, harta de tratar con extraños.

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Ahí dentro no hay nadie

Mi nombre es ****** ********. Nací el 19 de Septiembre de 1972, hoy es lunes 9 de diciembre de 2013 y he almorzado lenguado meuniere a las 13:32 en el bar de enfrente de la gasolinera en la que trabajo diez horas al día, de lunes a sábado, desde hace seis años. Estaba jugoso. El color de la hierba es el verde y el del mar, el azul. Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Dícese también de una persona despreciable. Hoy, como todos los días a la misma hora, le he vuelto a ver.”

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Naia

Tiene siete años y su momento preferido del día sucede ahora mismo: el paseo en bicicleta que da con su padre en el asiento supletorio trasero, camino de la tienda. El otoño en la costa aún muestra su cara más dulce; los autóctonos lo llaman “verano sin turistas”. El mar ronronea satisfecho de acoger a sus vecinos en una orilla sin banderas. Naia se siente especial, abrazada a la espalda de su padre, disfrutando de todo lo que hace más presente el cálido contacto: los baches, los giros de cuello, los saludos levantando una mano del manillar… Le encanta sentir la vibración que sobre sus carrillos se transfiere a cada «Aúpa» o «Buenos días». Suele aprovechar para adivinar a quién puede estar saludando mientras intenta no quedarse dormida de puro gusto. Con los ojos cerrados, trata de adivinar el mundo a través de los otros cuatro sentidos: el recorrido, el clima, el estado de la mar, la velocidad a la que van… se lo toma como una especie de entrenamiento. Read More