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Bitácora de Nacho. 09: La historia de Fernando, Richard y La Bestia.

Debería controlar esa pulsión que me somete por completo a agradar al prójimo, es como si viviese continuamente en un concurso que tengo que ganar, es insoportable. En el mismo día he pasado de trabajar sobre la estructura de un libro serio a querer aparecer en una web de refritos, sátira y cotilleo. No quiero dejar de trabajar en el libro

Siento que todo el relato está configurado para gustar al gran público, siento que me he prostituido, siento unos nervios que laceran mis entrañas; es como si me hubiera comido un bocadillo de concertinas.

Por otra parte, es como si me gustase digerir comidas así, como si en el fondo, supiera que ése es el camino que debo emprender y que, de una manera u otra, acabaré por encontrar un medicamento que me permita sobrellevar el dolor.

Pienso en los clientes del martes por la tarde en el bar, en los padres cuyo único solaz es el vermú del sábado y el domingo, rezo por no convertirme en alguien así.

Tengo miedo.

PD: Últimamente sueño con retretes atascados que se desbordan. Me los encuentro atascados, los desbordo yo, luego huyo. (Mirar qué significa). Puede ser por la espera, que me consume. Ha pasado bastante tiempo desde que Lorena me dijo que a su jefe le había gustado el relato y no he recibido ninguna llamada.     Read More

Bitácora de Nacho. 6: Desde San Vicente de la Barquera.

San Vicente de la Barquera, Agosto de 2015.

La unicidad, acepción utilizada para referirse a la cualidad de ser único, conduce al Yo por derroteros egoístas. En la infancia es común compartir la fantasía de que los padres nacieron ya emparejados y que ambos no conocieron otra forma de vida ni edad que la de ser papá y mamá, ¿verdad? Ya en la adolescencia, existe otra no menos frecuente en la que el hijo se niega a aceptar que sus progenitores mantienen relaciones sexuales, dando así, de manera inconsciente, un tozudo carpetazo a su propia existencia. Esas y otras muchas, son fases por las que el individuo debe pasar hasta que consigue afrontar la extremada levedad de su propia existencia; no somos tan peculiares ni tan trascendentales como para que el universo se detenga ante nuestros deseos. Comprender tal cosa es un asunto complicado que, si todo se desarrolla con normalidad, sucede cuando el individuo es adulto. Hasta entonces, un puñetazo pueril en la mesa te lleva a negar la mayor; que no, que antes de mí aquí no había nada, señores, ni mis padres tenían vida ni mucho menos hacían cochinadas indecentes, y punto pelota. Read More

Bitácora de Nacho. 5: Ambos desearon no volverse a ver jamás.

Esta es una anécdota que a mis padres les encanta contar, ya que fue su primer encuentro sin que ellos aún se conociesen. Cada vez que lo hacen varían ciertas cosas, añaden un acento aquí o un tono más allá, pero siempre lo hacen a dúo y con la sincronización perfecta que les caracteriza como matrimonio perfecto de cara a la galería que son y se han encargado siempre de ser. Les encanta bromear sobre todo acerca del encontronazo que tuvieron sus respectivos padres que en ese momento, “y con lo católica que es mi suegra” dice siempre mi madre, hubieran pactado con el diablo por no llegar a ser jamás familia política.

Todo lo que cuentan es una verdad maquillada, venida a menos y que ignora la parte de sus vidas que yo estoy contando aquí. Mi labor fundamental en este diario es lograr entender algo tan complicado como una familia, por eso camino por las partes oscuras y barro las esquinas polvorientas. Read More

Bitácora de Nacho. 3: Arantza, mi madre (II)

Arantza tiene un resquemor. Ha dormido mal y un tono negativo del que no consigue desprenderse vela su mirar; es como una piedra en el zapato, pero dentro de su pecho. Cierto nerviosismo mantiene alerta sus sentidos, como si hoy fuese a suceder algo malo. Ha estado madurando durante toda la noche una decisión que tomó ayer tras estar con Fede e Imanol: quiere ser enfermera. El problema es que no sabe cómo comunicárselo a sus padres e intuye que aunque bien, se van a sentir algo defraudados, ya que en cierto modo eso supone renunciar por tiempo indefinido a continuar con el legado familiar de la farmacia. Si a eso le sumamos la preocupación y la profunda pena que siente por el cambio a peor que ha dado su querido amigo en los últimos días, nos da como resultado una chica con cara larga que aún no ha untado ni una Marbú Dorada en mantequilla para mojarla en el tazón tibio de café con leche. La abuela, aunque no lo parezca porque anda de acá para allá por la cocina, sabe que a su nieta le pasa algo. Read More

Diario de un ladrón de oxígeno. Reseña.

Acabo de terminar el famoso “Diario de un ladrón de oxígeno”, del prolífico autor de la literatura contemporánea que lleva por nombre el comercial apodo de Anónimo. Igual es que con la edad a uno le salen callos en los ojos, pero siento decir que la máxima publicitaria que rezaba escrita en la faja que cubría el libro no se ha cumplido: no me ha roto el corazón; tampoco me ha escandalizado.

He de confesar que las tácticas de marketing funcionaron, ya que me lo compré, hace tan sólo día y medio. Me lo he leído en menos de cuarenta y ocho horas, sí. Dejé de lado otras lecturas que tenía pendientes, también. Y ya dispuestos a confesar, acabo de comprarme en Amazon su nueva novela en inglés, “Chameleon in a Candy Store”, vale. A su vez, diré que lo he leído con la misma absorción que cuando en su tiempo me topé con la obra de Salinger o con las dos primeras novelas de Easton Ellis, pero la carne del autor no se ha materializado ante mí mientras pasaba las páginas, aunque sí ciertos olores y muchas formas. Read More

Reseña Madrid:Frontera (David Llorente)

Te llamas Asier L. Triguero, tienes treinta y dos años y tu vida es un momento suspendido por la espera. Te despiertas antes de que amanezca, hace tiempo que ya no necesitas alarma. En esta ciudad, la tuya, sí que sale el sol. También llueve, aunque no tanto. ¿Lunes?, ¿martes?, ¿jueves tal vez? Da igual, las sábanas no cesan en su empeño: las odias, huelen a sudor y a ausencia. Las sábanas te dicen lo mismo de cada mañana: el día pasará de largo mientras tú esperas a que suceda algo; cómo las odias y qué poco importa. Unas horas más tarde, será de noche también, cuando ya estés cansado de sostener un vaso al que ya ni prestas atención, las volverás a echar de menos (como siempre), arrugándose entre tus piernas, impregnándose de reproches y de todo aquello que, al día siguiente, volverán a echarte en cara.

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