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#Xoxanna (1×05). La vida a punto de salir por la puerta.

Xoxanna y yo no pasamos por nuestro mejor momento. Individualmente estamos anulados y como pareja sólo buscamos hacernos daño. Yo, más que anulado, me estoy desfigurando poco a poco. No me reconozco en muchos de los actos (no digamos ya pensamientos) que tengo a lo largo del día. Es como si alguien que llevase mucho tiempo escondido en mi interior estuviera asomando la cabeza. Ese alguien no me gusta, sobre todo porque tengo la sensación de que le conozco y eso me aterra. Lucho a diario por mantenerlo enterrado, pero el estrés, la pena y la frustración no ayudan nada. El sueño que tuve el otro día, en el que Xoxanna volvía del trabajo (de uno que no tenía) fue tan lúcido que ahora recuerdo cosas y las confundo con mi imaginación. Dudo de haber hecho cosas de las que me pueda arrepentir.

Confundo realidad con ficción. Nunca había escrito bajo encargo y mucho menos sometido a esta presión. Escribir sobre nosotros me está conduciendo hacia el abismo de la locura.     Read More

Bitácora de Nacho. 07: Sueños pequeños de no-personas que transitan un no-lugar.

Todo cambió meses después de cumplir veintitrés años tras sufrir un grave accidente: una colisión frontal contra un septiembre que apareció de la nada, sin la obligación de emprender la rutina de un nuevo curso. ¿Y ahora, qué? El encomiable esfuerzo que hice durante cinco años por integrarme, tener un grupo de afines y participar en procesos de interacción social típicos de la vida universitaria, se disolvió cuando el sistema me puso la etiqueta de Licenciado. Debido a eso, fui devorado por un tornado de negatividad que hizo temblar los cimientos que hasta entonces me habían sujetado a la vida. Durante el vendaval sentí pánico, pero en las horas que estuve dando vueltas por el aire, imágenes y recuerdos de la edad sin cargas se proyectaron sobre las arremolinadas paredes que formaban mis propios pedazos y conseguí, al menos, un minuto de paz.

Mi vida se puede resumir mediante una cronología de choques traumáticos contra el cambio de los cuales me recupero creando entorno, vida y costumbres desde cero; una labor que me deja agotado y que es muy frustrante, ya que cuando parece que he conseguido reconstruir un nuevo ecosistema a mi alrededor, un desastre natural lo arrasa todo y tengo que volver a empezar. Desde adolescente padezco lo que Tennessee Williams denominó como “proceso de pensamiento complejo y terrorífico de la vida humana”, o lo que es lo mismo: ansiedad. Read More

Bitácora de Nacho. 6: Desde San Vicente de la Barquera.

San Vicente de la Barquera, Agosto de 2015.

La unicidad, acepción utilizada para referirse a la cualidad de ser único, conduce al Yo por derroteros egoístas. En la infancia es común compartir la fantasía de que los padres nacieron ya emparejados y que ambos no conocieron otra forma de vida ni edad que la de ser papá y mamá, ¿verdad? Ya en la adolescencia, existe otra no menos frecuente en la que el hijo se niega a aceptar que sus progenitores mantienen relaciones sexuales, dando así, de manera inconsciente, un tozudo carpetazo a su propia existencia. Esas y otras muchas, son fases por las que el individuo debe pasar hasta que consigue afrontar la extremada levedad de su propia existencia; no somos tan peculiares ni tan trascendentales como para que el universo se detenga ante nuestros deseos. Comprender tal cosa es un asunto complicado que, si todo se desarrolla con normalidad, sucede cuando el individuo es adulto. Hasta entonces, un puñetazo pueril en la mesa te lleva a negar la mayor; que no, que antes de mí aquí no había nada, señores, ni mis padres tenían vida ni mucho menos hacían cochinadas indecentes, y punto pelota. Read More

#Xoxanna (1×04). El Actor Perfecto y un Padre Desesperado.

Cambio de tercio.

La ciudad entera parece estar afectada por una resaca vergonzante. El viento sopla asmático y depresivo. Las fachadas de las casas, despeinadas y sudorosas, bajan la vista entornando las persianas a mi paso. La acera padece embotamiento nervioso, se siente obesa y cree que todo a su alrededor es basura. 

Voy a dejar de decir estupideces. Cuando tengo que esperar, todo se convierte en algo que hace referencia a esa espera y una más que segura respuesta negativa. La espera saca lo peor de mí, eso lo saben hasta los árboles pelados de la avenida que, con su irrisorio temblor, me lo advierten.

Desde aquella semana de fiestas encadenadas llenas de desenfreno han pasado ciento cuarenta y cuatro horas. Ciento cuarenta y cuatro pesadas, aburridas e inquietantes horas. No he vuelto a saber nada de nadie y eso hace que me sienta como si fuese a desaparecer y todo eso. ¿Seguirán de resaca? ¿Se les habrá pasado la euforia? ¿Ya no estarán interesados? La duda me consume; me lleva a la paranoia. Read More

#Xoxanna 1×03. Marisa Lanormal y 250kg de queso Idiazabal.

HACE TIEMPO…

Un plató de televisión hace casi tres años. Un joven actor, la revelación de turno. Ahora da igual su cara, pero entonces nadie lo dudaba: era el Actor Perfecto. Había firmado el contrato ideal en el momento adecuado y su mentor, El Director de Cine, sentado a su lado en el mismo sillón, lo miraba como si éste fuese su posesión más preciada. Frente a ellos, el Más Famoso de los Presentadores.

La película había batido récords de taquilla; todo un hito en la historia del cine español. Prácticamente al inicio de la entrevista y tras una desenfadada introducción que dejaba claro lo mucho de moda que estaban los invitados del día, el Más Famoso de los Presentadores preguntó al Actor Perfecto:

—Has pasado de actuar en bares haciendo monólogos y de que te conocieran más que nada por el boca a boca, a tener una cuenta de twitter con más de seiscientos mil seguidores, ¿cómo se lleva eso?.

El Actor Perfecto, como si de pronto le hubiera alcanzado una rayo gripal, palideció, comenzó a sudar, incluso a tiritar levemente y finalmente contestó:

—Mal, muy mal.

El Más famoso de los Presentadores, creyéndose consciente del motivo de la respuesta, añadió: —Asusta, ¿es por eso, no?— Y se fijó en las gotas de sudor que perlaban su frente.

Entonces, el Actor Perfecto, como si estuviese confesando la mayor de sus vergüenzas, concretó con sinceridad:

—No, porque son pocos. Porque son muy pocos.

Y rompió a llorar.    

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Bitácora de Nacho. 5: Ambos desearon no volverse a ver jamás.

Esta es una anécdota que a mis padres les encanta contar, ya que fue su primer encuentro sin que ellos aún se conociesen. Cada vez que lo hacen varían ciertas cosas, añaden un acento aquí o un tono más allá, pero siempre lo hacen a dúo y con la sincronización perfecta que les caracteriza como matrimonio perfecto de cara a la galería que son y se han encargado siempre de ser. Les encanta bromear sobre todo acerca del encontronazo que tuvieron sus respectivos padres que en ese momento, “y con lo católica que es mi suegra” dice siempre mi madre, hubieran pactado con el diablo por no llegar a ser jamás familia política.

Todo lo que cuentan es una verdad maquillada, venida a menos y que ignora la parte de sus vidas que yo estoy contando aquí. Mi labor fundamental en este diario es lograr entender algo tan complicado como una familia, por eso camino por las partes oscuras y barro las esquinas polvorientas. Read More

Bitácora de Nacho. 4: Ignacio Salas, mi padre (II)

El tramo final del verano no fue especialmente agradable para Ignacio. Desde que habló con Jokin en los billares el día de la redada y éste le contó que Paula se había marchado a Bermeo, una obsesión se alojó en su cabeza: encontrarla. “No será difícil, sé el nombre y el apellido y con eso, en un pueblo pequeño debería de ser suficiente”, pensó. Qué inocente fue; pasó por alto la máxima de “pueblo pequeño, infierno grande”.

En sus primeros viajes lo único que recibió fue el batacazo de un silencio sepulcral y el reproche al forastero. Ignacio imaginaba que se iba a encontrar con una sociedad un tanto más cerrada pero ni por asomo intuyó que fuese a ser tan recelosa con el recién llegado. Perdió el tiempo a lo tonto y lo que es peor, echó piedras sobre su propio tejado al entrar como un elefante en una cacharrería en bares y comercios haciendo preguntas a los vecinos sobre una chica que, eso saltaba a primera vista, era conocida por una mayoría que cerraba filas entorno a su historia. ¿Qué les ocurrió a los Eguskiza? ¿Qué hizo Paula para que un velo oscuro mudase el gesto de los vecinos del pueblo nada más pronunciar su nombre? A medida que crecía el silencio, más fortaleza adquiría para Ignacio la necesidad de encontrarla.

Quedó un par de veces con el tío Jaime, una para cenar y otra para ir a San Mamés a ver al Athletic. Read More

Bitácora de Nacho. 3: Arantza, mi madre (II)

Arantza tiene un resquemor. Ha dormido mal y un tono negativo del que no consigue desprenderse vela su mirar; es como una piedra en el zapato, pero dentro de su pecho. Cierto nerviosismo mantiene alerta sus sentidos, como si hoy fuese a suceder algo malo. Ha estado madurando durante toda la noche una decisión que tomó ayer tras estar con Fede e Imanol: quiere ser enfermera. El problema es que no sabe cómo comunicárselo a sus padres e intuye que aunque bien, se van a sentir algo defraudados, ya que en cierto modo eso supone renunciar por tiempo indefinido a continuar con el legado familiar de la farmacia. Si a eso le sumamos la preocupación y la profunda pena que siente por el cambio a peor que ha dado su querido amigo en los últimos días, nos da como resultado una chica con cara larga que aún no ha untado ni una Marbú Dorada en mantequilla para mojarla en el tazón tibio de café con leche. La abuela, aunque no lo parezca porque anda de acá para allá por la cocina, sabe que a su nieta le pasa algo. Read More

Bitácora de Nacho. 2: Ignacio Salas, mi padre.

Las Arenas, Getxo. 1980.

No puede creer que apenas hayan pasado cuatro años. El tiempo ahueca y deshumaniza las casas que permanecen vacías. Cierto es también que a determinadas edades, la percepción del transcurso del tiempo se vuelve elástica y subjetiva, pero a Ignacio, mi padre, le cuesta creer que las paredes y el techo que ahora le enfrían el alma fuesen las mismas que le cobijaron, le vieron nacer y crecer hasta los catorce años. Es como si hubiera pasado una eternidad. El amplio ventanal del salón se abre hacia la avenida y tras él, Ignacio trata de recordar las últimas navidades que pasaron en familia, en esa casa, antes de que se tuvieran que marchar a Madrid.

Ignacio, a sus dieciocho años, tiene una casa de dos cientos metros cuadrados, tres habitaciones y dos baños para él sólo, además de plaza de garaje y coche propio. Toda su familia se ha quedado en Madrid, pero él ha regresado al País Vasco para estudiar medicina. Su decisión no ha estado exenta de polémica, pero él se ha mantenido firme. La condena del exiliado consiste en no ser de donde huye pero tampoco de donde llega. Eso le quedó bien claro cuando, a los catorce, aterrizó en un instituto de Madrid en el que sólo por ser vasco, el primer día le apodaron “el etarra”. ¿Etarra, él? Si su familia precisamente se había tenido que ir de Euskadi por recibir amenazas. Qué injusta es la ignorancia, pensaba a diario, cuando tenía que cruzar la puerta del instituto por la mañana. Read More

Bitácora de Nacho. 1: Arantza, mi madre.

 

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Arantza Abasolo.

Bilbao, barrio de Otxarkoaga, 1980.

Un decadente bloque de viviendas; una colmena entre tantas cuyos cimientos tiritan de frío ante una primavera que no llega; un edificio que alberga a cientos de familias obreras que a esas horas, con suerte, estarán sentadas ante un plato que caliente sus ánimos. Una de esas familias es la de Arantza Abasolo, mi madre. En el televisor, bien de lujo y centro de atención a la hora de la cena, se ve la imagen de Alberto Delgado Cebrián presentando la última edición del telediario de TVE. La reelección de Suárez en las generales de marzo por mayoría simple marida con el aroma a lentejas y hace que el silencio fragüe en el seno de una familia tradicional.

Arantza no entiende mucho de política pero tiene claro que no se siente representada por esos señores que aparecen en la tele. Siente que la realidad social y política de Euskadi es otra, y sus amigos, tanto en el instituto como en las calles, hablan mal de lo que el resto del país celebra como una fiesta. Es buena sacando sus propias conclusiones y se puede imaginar por qué hay quienes llaman transacción en lugar de transición al proceso político que se está viviendo en España. Su madre y su abuela por parte de madre son extremeñas y socialistas. Su padre, único descendiente vivo de una saga de campesinos y mineros vascos del carbón, es fiel votante del Partido Nacionalista Vasco. Cuando surge el tema de la política, entre los mayores de la casa todo se resuelve de manera cordial, es más, en ocasiones, alguna que otra broma en cuanto a las diferencias que les separan colorea el monocorde ambiente del día a día. Arantza, en esos asuntos, prefiere mantenerse al margen. Read More