Estos días me he topado por las redes sociales con el enésimo caso de contribución a la deforestación con alevosía impulsado por la editorial Alfaguara. Se trata del libro de Alfred García, “Otra Luz”, ciento sesenta páginas a diecisiete euros en papel y ocho en ebook. Fotos y frases sueltas. Cosas que antes se ponían en el corcho/pizarra de tu cuarto por detrás de una Polaroid que reflejaba tu último verano en Benalmádena, aquel en el que conociste a Verónica o a Quique, tu primera vez en todo. 

El ingenio de muchos tuiteros “troleando” las propias páginas del libro me templaron los nervios, en punta por lo que voy e exponer a continuación, y me arrancaron más de una carcajada que dejó paso a la reflexión calmada. Voy al tema.

En un mundo justo serían ellos, los invisibles con talento los que verían respaldados sus textos por una empresa como Alfaguara, y Alfred García quien optaría por la auto edición.

Creo en una literatura universal que es capaz de sacar del tedio y evadir al lector de sus tragedias diarias. Me da dentera todo discurso que afirma, porque al crítico de turno se le pone a la altura del moño bajo, que si no eres Cela o Joyce no tienes derecho a entrar en el selecto club de los que pasan por su vara de medir. Con esto me refiero a que un chico como Alfred tiene todo el derecho del mundo a publicar sus pies de foto en un libro y a ti, si te apetece, a comprarlo; faltaría más. También me parece lícito (y alabo su valentía) que el autor afirme en una entrevista que le gustaría ver sus versos en boca de su referente, Pablo López. Lo que me parece torpe e incluso tierno por pecar de esa falta de tacto que te da la juventud y la prontitud de la fama, es acompañar a ese anhelo con el agravio de que en boca de sus fans no, en la de mi ídolo.   

Alfred García tiene una plataforma, sus fans, su paso por OT 2017, su propia imagen al fin y al cabo, suficientemente “indexada” como para vender nieve a los esquimales. Lo que me parece realmente decepcionante y grave es que una editorial como Alfaguara esté detrás de su publicación. Me parece cobarde que una empresa que podría vender literalmente (valga la redundancia) patadas en los huevos a quince euros y sacar buen rédito de ello, apueste por lo fácil. Arriésgate, joder. Otorga oportunidades. Invierte en gente que investigue y descubra nuevos y desconocidos talentos que llevan partiéndose el pecho y luchando contra la frustración de ser invisibles. Creo que ellos son los que deberían estar en Alfaguara y Alfred García auto editándose, pero claro, eso pasaría en un mundo justo, donde el clasismo y el dinero no lo infectasen todo.         

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